Teatro. De pie (Stand Up comedy) en el Under Movie de Montevideo Shopping

Un muy difícil arte del espectáculo

Los otros «monólogos» sólo son tales en tanto habla una sola persona (Rafael Cotelo, Pablo Aguirrezábal y Gonzalo Cammarota), en forma casi libre, con un guión al que se sigue y del que -así nos pareció al menos- el intérprete se despegaba cada tanto.

Por supuesto, el espectáculo se presenta en el Uruguay y, como es su inevitable consecuencia, se trata de una imitación. Ya Fernando Peña había ridiculizado estos espectáculos de «Stand up» llamando al suyo «Sit down tragedy»; en Buenos Aires, que para nuestros artistas parece ser mucho más un repertorio a copiar que un ejemplo a imitar, está «Ponele Onda» con cinco «monólogos».

En la tradicional comedia «stand up», cuyos orígenes inmediatos se remontan a fines del siglo XIX y en EE.UU., y sus más antiguos en la «Commedia dell’arte», el actor está solo, sin el apoyo de un escenario y muy cerca del público, del que debe esperar más de una réplica que lo ponga en aprietos. Es posible que el lector recuerde del cinematógrafo la vida de Lenny Bruce (1998) y, más aún, las «presentaciones» de Joel Gray en «Cabaret»; entre nosotros debemos citar los espectáculos de «trash theatre» de Gustav Van Perinostein. Son, todos ellos, un antecedente o hasta una realización del «stand up».

El espectáculo depende, mucho más que en los espectáculos teatrales corrientes, de la destreza del actor. Puede y debe seguir un guión, pero deberá cambiarlo para mantenerse en sintonía con el modo del público; debe interpretarlo y, a veces, no tendrá más remedio que rezongarlo; alguna vez deberá contestar una impertinencia, con mejor ingenio; su arte estará al borde de la más difícil de las artes escénicas, la tan mal entendida improvisación. Cotelo, Aguirrezábal, Cammarota y Alcuri quieren hacerlo fácil, pero no lo es.

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