Se estrenará hoy la comedia francesa "Cambio de domicilio"

Comparaciones a un lado (que siempre son odiosas y pueden ser equivocadas), hay grados de humor, inteligencia y gracia propias.

Desde hoy al domingo 30, a las 18.00, 19.30, 21.00 y 22.30 horas en Cinemateca 18 (18 de Julio entre Yaguarón y Yi), será exhibido el filme «Cambio de domicilio».

Empecemos por las comparaciones. La liviandad de esta película es más bien alleniana, aunque su entrecruzamiento de amores y sentimientos y su reflexión ­reconocidamente, con más aire de diversión y menos profundidad que en Woody Allen acerca de las paradojas y las reacciones de los amantes­ lo vincule más bien con Erick Rohmer.

La sonrisa surge desde la primera escena en que el espectador sale al encuentro de David (Mouret) y se mantiene lo largo de todo el relato. El hombre es un músico recién llegado a París con la intención de proseguir su carrera profesional; buscando un alojamiento llega a relacionarse con Anne (Frédérique Bel), una animada parlanchina que le subarrienda una pieza en donde está viviendo.

El carácter franco, abierto y demasiado espontáneo de ella contrasta con la naturaleza más tranquila y menos expresiva de David. Sin embargo cuando Anne se le insinúa y él toma la iniciativa de abrazarla, ella le rechaza ofendida diciéndole que está de novia con un muchacho que suele ser cliente de su negocio de fotocopias, aunque el novio en cuestión jamás aparece (esos vaivenes en los sentimientos son típicamente rohmerianos). Y esa exploración sigue durante todo el relato, con alumna introvertida, amores que no se animan, madre (Ariane Ascaride) que ayuda, consejos sabios y final en casa de playa.

Como en los filmes de Rohmer, los caprichos y desencuentros sentimentales que genera el amor están a la orden del día. Así lo que podría haber resultado un lugar ideal para que David intimara con Julia y le declarara sus sentimientos, el destino decide lo contrario cuando aparece en escena Julien (Dany Brillant), un hombre atractivo a quien conocen por azar y que será de quien la joven quede seducida y perdidamente enamorada.

El conciso guión va creando sus enredos y haciendo que sus personajes vayan cambiando de opinión, de estados de humor e incluso de domicilio (de ahí el título del filme) a medida que se van imponiendo situaciones imprevistas. La obstinación amorosa así como la vulnerabilidad de los sentimientos de sus caracteres transcurre dentro de un nivel de liviandad no exento de contenido emocional.

Uno de los claros méritos de Mouret es su capacidad de dialoguista, pero el cineasta añade una edición que otorga una dosis de agilidad, un eficaz acompañamiento musical (Mozart y la producción original de Sforza) y un casting donde todos los intérpretes se ajustan con precisión a sus respectivos personajes.

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