Se editó la biografía de una figura emblemática de la cultura uruguaya
Amén de la música clásica y sinfónica, supo vivir también éxitos y pasiones a través del jazz y del tango. Como director alguna vez se le criticó no sin mezquindad, en el país de la sanción al perfil alto, su despliegue de carisma, que acercó a la música tradicionalmente llamada «culta» y la ópera a los grandes auditorios, inaugurando públicos juveniles, volviendo más accesible su disfrute para quienes avistando su cabellera blanca inmaculada al dirigir con frenesí, aprendieron en los últimos años a vibrar al son de sinfonías y oberturas.
En 160 páginas bien construidas, ágiles y emotivas, escritas por Luis Fernando Iglesias a partir de entrevistas de Alejandra Volpi, se plasman ideas, y experiencias de quien fue director titular de la Orquesta Sinfónica Municipal de Montevideo entre 1985 y 1990, de la Orquesta Sinfónica de Bogotá entre 1991 y 1995, y de la Orquesta Filarmónica de Montevideo entre 1993 y 2006. El libro que publica la editorial Terare (es criticable la inclusión de publicidad en sus páginas, algo que rechina en literatura) permite una recorrida frondosa por la vida fecunda del «Maestro». Su infancia marcada por vecinos melómanos, y una trivia musical a la que jugaba su familia. Sus inicios en el Conservatorio Kolischer.
Sus coqueteos con saxo y contrabajo, su relación con maderas, vientos y metales en las orquestas. Anécdotas como el robo de su portafolios con las partituras y la batuta a minutos de entrar al Colón en Buenos Aires, que lo forzó a dirigir «de memoria» hasta el reflote de la ópera en el remozado Solís este año, con un espléndido Rigoletto.
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