Lo más emocionante de la era pos Baryshnikov
-¿Qué tipo de hogar fue en estos años el American Ballet Theater?
-Allí tuve la oportunidad de tomar contacto con un repertorio tan vasto y abundante como ecléctico, que de otra manera seguramente hubiera sido inalcanzable.
Encontré un lugar donde pasar gran parte de mi vida en el que me sentí contenido, cuidado y considerado.
Hice amigos que serán para toda la vida, y conviví social y artísticamente con mis colegas en una armonía maravillosa. Creo haberle dejado 20 años de mi carrera en los que puse lo mejor de mí.
-Se le entregó hace poco la Orden Pablo Neruda en el Palacio de la Moneda de Chile, un edificio emblema de un pasado doloroso regional. ¿Qué piensa de la justicia en materia de derechos humanos en su país?
-No he tenido amigos o familiares que hayan sufrido pérdidas en alguno de los dos bandos en cuestión y no sé cómo me sentiría en sus lugares, pero desde mi humilde opinión me parece muy bien que se siga investigando e impartiendo justicia. Me parecieron execrables las leyes de punto final y obediencia debida.
Creo firmemente que los culpables de esos crímenes espantosos deben pagar por ellos.
El terrorismo de Estado no tiene justificación, como no la tienen el saqueo de los bienes de personas ni el robo de bebés. Debe haber un espacio para la reflexión y para mirar hacia el futuro, espacio y mirada sin rencores del pasado. La memoria nos tiene que ayudar a no repetir los errores, no nos tiene que paralizar y dejar sumidos en el revanchismo.
Creo que la juventud está naturalmente destinada a llevar adelante esa tarea, para eso requiere de sus mayores una educación imparcial, para que sepan muy bien qué pasó y sobre todo por qué pasó, cosa que muchos ignoramos o conocemos en parte.
-La nación dijo que usted tuvo a «Nueva York a sus pies». ¿Cómo se sintió con la bandera en los hombros ante la masa que lo ovacionaba?
Para mí, mostrarles desde el escenario la bandera argentina fue un modo de decirles gracias en mi nombre y en el de mi gente, de mi pueblo, por darme todo ese cariño y admiración estando a tantos miles de kilómetros de distancia de mi verdadero hogar, Buenos Aires. Fue una experiencia íntima también, por lo que en ese acto se resumía.
-Le han llamado de «los más emocionantes bailarines de ballet en la era pos Baryshnikov». ¿Siente que lo es?
Los comentarios sobre mí siempre han sido alentadores en extremo pero por suerte la realidad siempre me enfrentó con que si no seguía trabajando para merecerlos, no tendrían ningún sentido.
Ser alabado desde el primer día suele ser contraproducente si uno no está bien parado sobre la tierra, aunque luego tenga que volar sobre el escenario.
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