Excelente manual sobre arquitectura alemana contemporánea
Lleva el título Arquitectura contemporánea en Alemania, 1970-1996, y de subtítulo 50 construcciones, con prólogo de Wilfried Wang y ensayos de Gerd de Bruyn y Gerd Zimmmermann. El período estudiado y la selección de obras deja, naturalmente, las notables nuevas construcciones de los últimos cuatro años en especial las de Berlín y el entorno de la Posdamerplatz. Es de esperar que aparezca a la brevedad ese indispensable complemento de este indispensable manual.
Tal como está, Arquitectura contemporánea en Alemania es un pequeño gran libro de más de cien páginas, con buenas reproducciones en blanco y negro y una diagramación impecable. La sencillez y la claridad del diseño gráfico se extiende a los textos, esa virtud que se extraña en los catálogos de arte montevideanos, aquejados de retórica y volatilidad conceptual. El prologuista Wang separa, desde el comienzo, la arquitectura que persigue fines lucrativos y que tiene como clientes a las grandes empresas, de «una nueva cultura arquitectónica» en Alemania con la contribución de grandes firmas extranjeras. De la misma manera que sucede en Chicago, Los Angeles, Nueva York , París o Tokio, los concursos abiertos han permitido que «arquitectos de prestigio internacional como Alvar Aalto (en los años cincuenta) y Richard Meier (en los ochenta) recibieran encargos para construir centros culturales y museos en Alemania», que condujo a la renovación de la arquitectura local y le dio al país un «un discurso arquitectónico internacional», con nombres de lustres internacional provenientes de Estados Unidos, Francia, Suiza o Japón. Este fenómeno tuvo su primera etapa en la reconstrucción de Alemania Occidental con la «realización de ambiciosos edificios culturales», como museos, teatros y salas de concierto, una «vez satisfechas las necesidades básicas con la construcción de viviendas y centros cívicos comunitarios (escuelas, jardines de infancia, hospitales).
Con el posmodernismo se acentuó la participación de los estudios extranjeros. La rapidez en los transportes facilitaron los desplazamientos. «Por eso no nos debe sorprender que, por ejemplo, Zaha M. Hadid –que vive en Londres–, el portugués Alvaro Siza Vieira y Frank Gehry –que tiene su estudio en California– hayan construido espectaculares edificios para la pequeña ciudad de Weil am Rheim», uno de los lugares más encantadores en la frontera Suiza, cerca de Basilea y al que se puede llegar en un ómnibus local. «O que arquitectos como Giorgio Grassi, Renzo Piano, Daniel Libeskind y Jean Nouvel trabajen en Berlín», agrega Wilfried Lang. También hace referencias a las edificaciones en Franfurt con los austríacos Hans Hollein, Wilhelm Holzbauer, Gustav Peichl y Friedensareich Hundertwasser, los suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, de ascendente prestigio, o la increíble y sorprendente remodelación del Reischtag de Berlín encargada al inglés Norman Foster. La situación inversa, comenta Wang, sería inconcebible en Inglaterra y se pregunta «¿cómo podría imaginarse que un arquitecto alemán se ocupara de remodelar el Palace Westminster?».
Si los arquitectos extranjeros tienen amplio margen de participación (y cada vez lo tienen más) en Alemania, los arquitectos locales famosos tienen menos oportunidad de hacerlo en el exterior. Y menciona los casos aislados de O. M. Ungers en Washington, Josef Paul Kleihues en el Museo de Arte de Chicago, Otto Seidle en Viena, Hans Kollhoff en Rotterdam, Frei Otto en Arabia Saudita. La lista se agota con rapidez y agrega sensibilizado que «ninguno de los arquitectos jóvenes alemanes ha sido llamado aún por clientes extranjeros».
Por su parte Gerd de Bruyn en Construir en la República Federal de Alemania. Un esbozo histórico, señala, con admirable sentido de la síntesis, las modificaciones producidas en el país en la apreciación de la arquitectura. Los cambios culturales y la dedicación generosa a las artes en los estados federados, que rivalizan entre sí en el área museal, «La arquitectura ha dejado de ser un campo para la mera satisfacción de necesidades, pues ya no se la considera únicamente desde el punto de vista funcional, sino también bajo el aspecto de su significación artística». Propone una «guía de arquitectura», seleccionando 50 edificios construidos en los últimos 26 años. Destaca la labor de Egon Eiermann (sede de la Olivetti en Frankfort), Hans Scharoun (Filarmónica de Berlín), Rolf Gutbrot (Sala de Música de Stuttgart, una de las mejores acústicas de la época) y Hans Döllgast (remodelación de la Vieja Pinacoteca de Munich). Las nuevas generaciones encuentran a Günther Behnisch (Ciudad Olímpica de Munich, la transparente sala de plenos del Bundestag en Bonn) a uno de los mayores innovadores, con una capacidad de originalidad tan discutible como atractiva, O.M. Ungers, autor del Museo de Arquitectura de Frankfurt, pero especialmente a Hans Hollein (Museo de Mönchengladbach, esa obra maestra del collage y citaciones históricas). Entre los extranjeros está el inglés James Stirling (Galería Estatal, Stuttgart), el japonés Tadeo Ando, el portugués Alvaro Siza (Berlín) y la iraquí Zaha M. Hadid (en Weil am Rhein). En los noventa se acelera el proceso de renovación arquitectónica en todo el país y a los ya citados, que continúan con su aporte siempre renovado, los años noventa encuentran a Josef Paul Kleihues, Fritz Auer, Thomas Herzog, Axel Schultes y Otto Steidle, además de la concentración arquitectónica que significa Berlín y que no para.
Por su lado, Gerd Zimmermann en La otra arquitectura: construir en la RDA, traza un panorama entre tradicionalismo y modernidad en la década del cincuenta, la visión tecnológica y la utopía social en los sesenta, el decorativismo de los ochenta, en un análisis eficaz y comprensivo de la «otra» Alemania, que recién ahora (en Leipzig, Dresde) comienza a transformarse.
Lo atractivo del libro está también en los cortos y contundentes estudios de los cincuenta edificios elegidos donde figuran los nombres, por orden alfabético, de Aalto, Ando, Auer, Behnish, Bielefeld, Böhm, Busso von Busse, Egeraat, Eisele, Foster, Gehry, Gerkan, Grimshaw, Gropius, Hadid, Hertzberger, Herzog, Herzog y de Meuron, los suizos ya famosos, con una galería de arte particular en Munich considerada la mejor por su calidad de iluminación que casi ningún museo logró alcanzar, Hölzinger, Hollein, Ito, Jakubeit, Jourdan, Kiessler, Kleihues, Kollhoff, Kulka, Libeskind (Museo Judío), Marg, Meier, Mutschler, Peichl, Scharoun, Schattner, Schultes, Seidlein, Siza, Steidle, Stirling, Turkali y Ungers, con críticas individuales lúcidas y acompañadas de planos y fotos, además de agregarse una breve bibliografía, en su mayoría de procedencia alemana. Un libro indispensable por su practicidad y claridad que quizá no tenga la difusión amplia que debiera.
Arquitectura contemporánea en Alemania, 1970-1996, por Gerd de Bruyn, editado por Inter Nationes, Bonn, en cooperación con el Museo Alemán de Arquitectura de Franfort del Meno, 135 páginas y numerosas reproducciones, 1997.
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