Algo de lo que sucederá
Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina ofrecerán esta noche en el Estadio Centenario dentro de su gira «Dos pájaros de un tiro», un concierto con localidades agotadas que sin duda llenará de emoción a los casi cuarenta mil espectadores.
Como ha dicho Jorge Caballero, será una actuación dialéctica/mimética. No importará si será Joan Sabina o Joaquín Serrat o Joan Joaquín Manuel Serrat Sabina; lo verdaderamente importante será la democracia musical ofrecida, que irrigará el torrente sanguíneo del público para alojarse en su corteza cerebral y provocarle un exceso de placer en todos los órganos del cuerpo vía arterial, a lo largo de algo más de dos horas y media de recital.
La fruición llegará desde que las espigadas figuras de los cantautores aparezcan en el escenario para soltar las primera notas de «Ocupen su localidad», hilvanada con «Hoy puede ser un gran día», seguida de «Aves de paso». Eso y los ocho solventes músicos, además de dos coristas; todos estos elementos preludiarán una increíble velada en la que no habrá punto medio: únicamente, y sólo para ser precisos, punto alto.
La dialéctica musical Serrat a la derecha, Sabina a la izquierda, Joan Manuel cediendo el escenario, Joaquín abandonándolo. Los monólogos de Joan Manuel Serrat, en los que en repetidas ocasiones provocará la sorna de Joaquín Sabina tratándolo como si fuera tierno. Lo cual no parecerá importarle demasiado al natural de Jaén, quizás porque él también se mofará del catalán, aunque con menos intensidad. Diálogos lúdicos, réplicas inteligentes y disputas creativas serán ofrecidas como algo extra a los asistentes.
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