"CORAZONES": EL ULTIMO FILME DEL MAESTRO ALAIN RESNAIS ES UNA DRAMATICA METAFORA SOBRE LA SOLEDAD

Almas congeladas por un crudo desamparo

En medio de la abrumadora parafernalia mediática, el incesante ulular de los celulares y la proliferación de espacios virtuales, aflora una sensación de desencantada deshumanización planetaria.

Más allá de pirotecnias visuales y recursos meramente gastronómicos, no es extraño que el cine afine su lupa sobre los grandes dilemas existenciales del presente.

Nacido hace 86 años en Bretaña, el maestro francés Alain Resnais- indiscutible precursor de la Nouvelle Vague- es uno de los cineastas más innovadores, frontales y revulsivos de todos los tiempos.

Desde sus orígenes como documentalista, Resnais demostró una particular sensibilidad para la construcción de retratos humanos fuertemente azotados por la intolerancia.

A partir de «Hiroshima mi amor», su primer largometraje, el laureado cineasta construyó una identidad cinematográfica propia e intransferible, que conjuga una armónica síntesis entre el tiempo, la memoria y la reflexión de trazo eminentemente existencialista.

«El año pasado en Mariembad» y » Muriel» afianzaron la singularidad de su osada mirada en torno a la realidad, en una novedosa mixtura entre la escritura literaria y el formado documental.

Esa obsesiva búsqueda artística se tornó aún más explícita y controvertida, en recordados filmes como «La guerra ha terminado» y «Providencia».

En «Corazones», filme galardonado en el Festival de Venecia, el legendario realizador galo construye un sobrecogedor cuadro poblado de claros y oscuros, que discurre entre el drama y lo cotidiano.

No es casualidad que todo el relato se desarrolle en los nevados paisajes de un París invernal, en una suerte de metáfora de las agobiadas almas de los personajes.

Si bien el tema vertebral de la narración es la soledad, la mirada del afamado director se posa particularmente sobre los conflictos afectivos y sus ulteriores consecuencias.

Las criaturas de ficción, arrancadas naturalmente de la realidad, permiten el afloramiento de los ángulos más despiadados de una convivencia cada vez más oscura y conflictiva.

En este filme coral, Resnais entrecruza múltiples desencuentros y rupturas afectivas, cuyos protagonistas son un solterón que dirige una inmobiliaria, una pareja al borde de la separación, un solitario hombre que cuida a su padre enfermo, una mujer con conductas ambiguas y reprimidas y una joven que sufre el trauma de los desengaños amorosos.

El realizador elabora su historia en una suerte de formato teatral, que presenta las diversas situaciones como si se tratara de actos independientes, lo cual permite ir descubriendo qué se oculta detrás de las apariencias y los sentimientos.

Ese permanente fluir de sugerentes imágenes y dialogados a menudo ríspidos y exacerbados, que requiere una permanente atención del espectador, desnuda el terrible drama de individuos expuestos a la intemperie de la angustia.

La permanente sensación de desamparo de seres quebrados por el hastío, la ausencia de expectativas y la infelicidad, conforma un desencantado friso existencial.

En ese contexto, no es extraño que Resnais ironice con algunas situaciones bastante irracionales, como la de una pareja al borde del colapso que busca un departamento al cual mudarse.

Esa paradoja también está presente en una religiosa cuarentona que tiene recurrentes obsesiones sexuales o en un solitario veterano que se excita observando videos pornográficos.

La violencia terminal está presente en ese anciano enfermo que vocifera y arroja objetos y en la sufrida mujer que le cuida todas las noches, en una suerte de estoico ejercicio expiatorio de supuestos pecados.

Mediante un lenguaje deliberadamente moroso, Alain Resnais trabaja sutilmente con la materia prima de las emociones, conformando un paisaje humano tan gélido como el de ese París invernal que captura la lente de la cámara.

Aunque el talentoso cineasta impregna a esos universos clausurados de un contundente dramatismo, no soslaya el humor para describir algunas situaciones cotidianas.

Pese a que todos los personajes representan arquetipos humanos bien identificables, no es casual que la mayoría de ellos sean personas de avanzada edad o jóvenes abrumados por el vacío afectivo.

El maestro francés construye un variopinto tinglado, que expone con crudeza la síntesis de todas las angustias y desventuras, como si la vida fuera una suerte de terrible encrucijada.

Este filme, en el cual los gestos y las miradas suelen adquirir una mayor explicitud que las propias palabras, reúne a un reparto actoral competente y profesional, que otorga singular verosimilitud a los personajes.

Aunque está lejos de su mayor esplendor, Alain Resnais confirma su indudable sabiduría para construir elocuentes retratos humanos, en un conmovedor filme crepuscular que reflexiona sobre los grandes dilemas existenciales de ahora y de siempre. *

CORAZONES. Francia-Italia 2006. Director: Alain Resnais. Guión: Alan Ayckbour y Jean Michel Ribes. Reparto: Sabin Azéma, Lambert Wilson, André Dussollier, Pierre Arditi, laura Morante, Isabelle Carré y Claude Rich.

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