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La eternidad y un día

La mirada de Homero

La eternidad y un día, la última película del griego Theo Angelopoulos, se estrena hoy en el cine Alfabeta y el martes en Cinemateca 18.

El filme anterior de Angelopoulos, La mirada de Ulises, fue elegido mejor película estrenada en 1999, por la Asociación de Críticos de cine del Uruguay.

En aquella película, seguía a un cineasta griego (Harvey Keitel) por los países balcánicos hasta una Sarajevo bajo fuego, recalando en diversos momentos del siglo, en busca de unas viejas películas documentales. En esta, sigue por Grecia a un poeta (Erland Josephson) en su último día antes de una internación de la que sabe que puede no salir vivo.

El hilo conductor, la colaboración con el guionista Tonino Guerra y el estilo de largos planos y cruces de tiempo, contribuyen a hermanar estas dos películas. Sin embargo, ésta parece menos política, de tema más individual, también más ambiciosa, quizá más bella, pero menos redonda que la anterior.

El poeta se despide de su empleada y sale a buscar con quién dejar su perro. Su hija no lo acepta porque su yerno no quiere animales. Ella no parece entender la gravedad de la enfermedad de su padre, ni la importancia de su trabajo, ni nada de él.

El poeta vuelve por una avenida y ve a un niño inmigrante que limpia vidrios en un semáforo, a punto de ser atrapado por la policía. Decide ayudarlo, lo sube al auto y compra un problema.

En lo que sigue, enfrenta a un grupo de traficantes de niños, va hasta una fantasmagórica y amenazadora frontera y, en fin, se siente responsable del niño. Entretanto, le vienen recuerdos de su infancia, su casamiento, el nacimiento de su hija, la muerte de su mujer, la enfermedad de su madre, su padre, la muerte de otro niño, la corrupción, los hospitales, las comisarías, el puerto, el campo y la ciudad. Es decir, todos los grandes temas y uno.

Por si faltaba, con los personajes se cruza el poeta griego Dionisios Solomos –uno de cuyos poemas intenta completar el protagonista–, quien vivió largamente en Italia, volvió a su patria en tiempos de la independencia y compraba palabras a los campesinos, porque casi había olvidado su idioma natal. Y en un viaje en ómnibus pasa la música clásica, el militante comunista derrotado (o al menos cansado) y algunos otros tópicos.

Esta voluntad de no ser ajeno a nada de lo humano, de abarcarlo todo en un filme, es lo que a la postre debilita la película, porque termina no diciendo nada de cada una de esas cosas. Pero, aunque no alcance la profundidad de Cuando huye el día de Ingmar Bergman, es un balance final de este poeta que presiente la muerte, y que mediante la solidaridad se reconcilia con el mundo.

El fuerte del cine de Angelopoulos, su belleza, se mantiene, sin embargo, haciendo de ésta una película memorable. Si los planos largos pueden aburrir a alguno, el cineasta se manifiesta poeta al transmitir, con imágenes, sentimientos poderosos en cada secuencia.

La historia de la madre no importa, pero la visita del poeta al hospital es desgarrador. Sobrecogen la rueda de niños de la calle que despide a un amigo muerto quemando sus pertenencias; los «cadáveres» colgando de un altísimo alambrado de púas en una frontera nevada; una excursión a una isla. Y, sobre todo, un cortejo de boda con músicos callejeros filmado en una sola toma con una cámara que sigue a los novios-bailarines por más de una cuadra.

Momentos cuya belleza expresiva, cuya potencia emotiva dan ganas de llorar de felicidad. Que hacen que uno se felicite por estar en ese cine.

Esperando al mesías

Buscar un dios en el caos

Alguien oprime una tecla equivocada en Hong Kong y un banco quiebra en Buenos Aires. En un mundo drásticamente globalizado un crack financiero en el lejano oriente repercute en forma instantánea en los países periféricos, como Argentina. Algunos pierden sus ahorros, otros su empleos, y sus historias se entrecruzan.

Esperando al mesías narra la historia de Ariel, un joven judío que a pesar de estar orgulloso de su origen, está en crisis con su identidad, y de Santamaría, un bancario cuya dignidad peligra al perder su trabajo, su casa y su matrimonio. Ariel sale a buscar el mundo, Santamaría a recuperarlo.

Esperando al mesías es una fábula urbana sobre las relaciones entre las personas que viven en pequeños universos contenidos en la Buenos Aires actual.

Su autor, Daniel Burman, había sido premiado en 1994 por un corto —Niños envueltos— que integró Historias breves, una recopilación que promovió a una nueva generación de cineastas. En 1996 filmó Un crisantemo estalla en Cincoesquinas. Como productor, intervino en Plaza de almas y Garage Olimpo. Para Esperando al mesías contó con un elenco de excepción (Imanol Arias, Stefanía Sandrelli, Enrique Piñeiro, Héctor Alterio, Gabriela Acher, Chiara Caselli, Dolores Fonzi). Sin embargo, el papel protagónico de Ariel lo confió al debutante Daniel Hendler.

Al diablo con el diablo

Liz Hurley es el diablo

Si Kevin Smith eligió a Alanis Morrisette para actuar el papel de Dios en Dogma, no escandalizará que Harold Ramis decida que el diablo es la modelo inglesa Elizabeth Hurley en Al diablo con el diablo (Bedazzled). Un diablo mujer ya se había visto en la novela de Cazzotte, en el siglo XVIII.

Se trata de una remake de una película dirigida por Stanley Donen con Peter Cook y Dudley Moore. Un joven algo papanatas (Brendan Frazer, cuya actuación fue elogiada) decide conquistar a un minún que aparece en un bar (Hurley, cuya actuación fue repudiada por los colegas de Hollywood porque carnereó en la huelga de actores).

Ella resulta acceder. Resulta que es el diablo y le propone el consabido pacto (¿para qué querrá ‘esa’ alma?) a cambio de siete deseos. El diablo es tramposo, ya se sabe, así que el joven quiere ser esto y luego aquello, pero la felicidad nunca es completa. Si es millonario, resulta ser un narcotraficante con un millón de enemigos; si estrella de rock, gay, si de basquetbol…

En resumen, la película sigue estructurada en siete episodios similares, en clave de humor.

Atender a la fotografía, que pertenece a Bill Pope, fotógrafo de La matriz.

Primera vez con altura

Elena Bonham Carter (Un amor en Florencia, El club de la pelea) tiene esclerosis múltiple y mal humor. Kenneth Branagh (actor y/o director de la mitad de las obras de Shakespeare), está en la crisis de la mediana edad. Por un incidente el día que su novia lo abandona, él debe cumplir con el trabajo comunitario de dedicarle tiempos a ella. Luego de una salida al parque entran las confidencias. El cuenta que quiere hacer un avión con las telas de sus cuadros, para lo que debe aprender de aviones. Ella le confiesa que a los 17 años rechazó una relación sexual y ahora cree que «el sexo es el fin último de la existencia». Quiere que él le consiga un gigoló. Siguen una serie de patéticos planes e intentos en los que ambos intentan proteger al otro de sí mismo.

Dos vidas contigo

Donde estás amor de mi vida

Un arquitecto viudo y triste David Duchovny, que quiere rehacer su vida, encuentra a una camarera sola, triste y con corazón transplantado, Minnie Driver, que nació de nuevo. Ambos protagonizan una película romántica dirigida por Bonnie Hunt, nacida en los barrios de Chicago donde se desarrolla la acción. Una película sobre el sueño de encontrar la pareja perfecta, la media naranja para toda la vida.

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