Los horrores de la dictadura
Es un filme de ficción-documental, sin línea definida, una mezcla de reconstrucción y documental que entremezcla pasado y presente», sostuvo en una entrevista el realizador, emblema del cine político y comprometido de América Latina.
En su nuevo filme, el realizador chileno, autor entre otros del legendario «El Chacal de Nahueltoro» (1969), abordará desde otra perspectiva uno de los momentos más negros de la historia de Chile. «Empiezo a rodar en marzo del próximo año la historia de un grupo de sobrevivientes de los campos de concentración creados por el general Augusto Pinochet en 1973 y el momento cuando regresan treinta años después a la isla donde estuvieron detenidos», contó el cineasta a AFP. «Eran todas personas muy cercanas a Allende, los colaboradores que estaban combatiendo en La Moneda y que fueron trasladados por los militares a una isla del extremo sur, donde les quitaron la identidad: los llamaban isla 1, isla 2, etcétera», agregó. «Son unos treinta a cuarenta aunque había unos cuatrocientos. Fue gente que mantuvo su dignidad. Paradójicamente, con la democracia, la Marina Militar los recibió con todos los honores treinta años después», señala. «Ese momento inspira el filme», dijo. Littin, que después del golpe militar de 1973 en Chile se exilió en Cuba y México, tras lo cual entró clandestinamente en su país en 1985 para rodar «Acta general de Chile», un valiente documental sobre los horrores de la dictadura, reconoce que su cine «es el reflejo de la época en que se vive». «Si eso deja huella no lo puedo decir», sostiene con modestia. Invitado al festival de Trieste como presidente del jurado, el cineasta chileno, de 65 años, entre los realizadores más premiados del continente, designado dos veces al Oscar y galardonado por los Festivales de Cannes, Berlín y Venecia, se siente muy honrado con el reconocimiento atribuido en Trieste «a un artista empeñado en rescatar la memoria y la historia de los pueblos». Littin, autor de películas que marcaron la historia del cine latinoamericano, como «La tierra prometida» (1973) y «Actas de Marusia»(1976), espera con sus nuevos filmes sacudir conciencias y no teme abrir heridas. «Lo que ocurrió en Chile sigue siendo actual. La creación de campos de concentración sigue existiendo. Existen en Irán, Irak, Guantánamo, la lista es interminable», sostiene con tono calmado. «Palestina es un campo de concentración, rodeada de muros», subraya al referirse a su último filme «La última luna», rodado en los territorios ocupados. Para el autor, que durante el gobierno socialista chileno de la Unidad Popular rodó «Compañero Presidente», una entrevista del escritor Regis Debray al presidente Allende, «el presente» resulta más complejo. «El futuro era posible para mi generación, hoy el camino es más tortuoso y ambiguo», estima al hacer una evaluación del cine de hoy. «La nueva generación de cineastas latinoamericanos es aparentemente más impresionista que ideológica», dice tras asistir a las proyecciones de los catorce filmes seleccionados para el concurso italiano. *
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