Más allá de un desorden en el cromosoma
En este sentido, la tarea que desarrollan Miguel Cereceda y Verónica Linardi no puede sino merecer elogios y apoyo; y resulta grato el «apadrinamiento» que prestaron China Zorrilla y Taco Larreta a esta ardua empresa de hacer actuar a discapacitados, junto con actores comunes y corrientes, en esta «3 x 3= 1″; y sin duda también debe destacarse el concurso de Alvaro Ahunchain, Beatriz Massons y Mary Vázquez en la dirección de los tres episodios que la componen.
Puesto que se presenta la pieza al público y se cobra entrada, el juicio crítico debe ceñirse a los mismos criterios con que se valora cualquier otra obra: si tuviéramos una pauta diferente para los actores con síndrome de Down, no sólo haríamos pedazos la ecuanimidad de la crítica sino que discriminaríamos, con esa conducta entre paternal y protectora, a los mismos discapacitados.
El espectáculo se apoya en sus carencias y sorprende. Cumple, creemos que deliberadamente, la consigna de Brecht de la necesaria reacción de extrañeza en el público nunca digamos «distanciamiento» que nos dice que lo que vemos no es realidad sino ficción; y aún tenemos aquí una ficción en segundo grado, ya que la anécdota de Chejov, Marivaux o del autor de la farsa de Maese Patelin- se refracta en unas psiquis que para el espectador normal son un mundo desconocido, del que traen extrañas luces, inquietantes por familiares. Los actores que llamaremos «especiales» dicen de una manera diferente, se mueven con cierta lentitud no deliberada, dan un ritmo peculiar y un clima casi onírico a todas las escenas en que intervienen; esto contrasta con la actuación de los actores que llamaremos «comunes», que despliegan una energía, una movilidad y una velocidad de dicción que, en nuestra percepción, está acentuada y parece superior aún a las que normalmente tienen. Entendemos que el criterio de los directores en este punto ha sido, a la vez, no discriminatorio los actores «comunes» no condescienden al compás de los «especiales» y un factor de intrigante asimetría. Una vez que el espectador, un tanto sacudido, hace abstracción de quienes están actuando, llegamos a oír al autor; y eso es lo único y no es poco que el arte del intérprete debe perseguir. En este aspecto, «Una petición de mano» de Chejov nos pareció lo mejor; en su conjunto, aun teniendo en cuenta las dificultades que el espectáculo debió afrontar, «3 x 3 =1″, con su esmero artesanal, con el calor que los colaboradores han puesto, ocupa un digno lugar en la cartelera.
Un último punto nos parece de considerable importancia para valorar la empresa de Linardi y Cereceda. Recordamos la experiencia del marqués de Sade con los asilados del hospicio de Charenton, que hoy aparece olvidada, como opacada por «Marat Sade» de Peter Weiss: la enseñanza del teatro se ha revelado una terapéutica eficaz para el estímulo y recuperación de la mente. Hay ya varios actores con el síndrome de Down que han hecho carrera: el alemán Bobby Brederlow, el belga Pascal Duquenne, Stéphane Ginnz, Max Lewis, Paula Sage.
Poco conocido es el caso de Anne De Gaulle (19281948), también afectada por el síndrome de Down, hija de Charles De Gaulle. Ella vivió hasta su muerte con sus padres, a quienes su condición motivó tanto como para crear una fundación para el tratamiento de discapacitados que existe hasta hoy y lleva su nombre. Cuando el 22 de agosto de 1962 De Gaulle fue objeto de un atentado, la bala que debió ser fatal rebotó en el marco del retrato de Anne, que el general llevaba siempre consigo. Nuestros amores no nos abandonan, y aun pueden devolvernos vida y afecto, hasta más allá de la muerte; y si el marqués de Sade supo comprender y tratar estados alterados, nosotros no podemos ser menos. *
3 x 3 = 1, «Arlequín educado por el amor» de Marivaux (dirección de Alvaro Ahunchain), «El pedido de mano» de Anton Chejov (dirección de Beatriz Massons) y «Farsa de Maese Pedro Patelin» de autor anónimo del siglo XV (dirección de Mary Vázquez), por Grupo de teatro integrado. Con Gabriel de Souza, Yamile Abud, Ignacio Duarte o Gualberto Martínez, Sebastián González, Miguel Mekhsanimisian, Gabriel Darré, Emilio Gallardo, Alicia Vázquez, Verónica O’Brien, Nicolás Donzé, Diego Pittaluga, Natalia Lambach, María Bonasso. Iluminación de Claudia Tancredi, vestuario de Tesa Cruzado, dirección general de Verónica Linardi y Miguel Cereceda. En teatro Off Metro.
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