Nueces para el amor

Nos habíamos amado tanto

Ese trazado de encuentros y desencuentros con reflexiones al margen tiene todo el sabor de la célebre película Nos habíamos amado tanto que, incluso, alternaba color con blanco y negro (o sepia) para marcar distancias temporales aunque, en esta oportunidad, el juego de pasado y presente defina tonalidades inversas al filme itálico.

De todos modos ya se sabe que las comparaciones resultan odiosas, a pesar de peripecias donde los personajes cambian de escenario y viven la dictadura argentina en lugar del fascismo italiano. Por lo tanto, es mejor internarse en esta mirada abarcadora de Lecchi, (un cineasta que alterna trabajo televisivo con producción cinematográfica desigual, donde se incluyen títulos como la olvidable Apariencias junto al interesante policial Perdido por perdido), y su pretensión de emblematizar una relación amorosa como referente de la generación «perdida». En este sentido podría decirse que los propósitos del mencionado director son ambiciosos y, a juicio de quien suscribe, su producto no logra redondear satisfactoriamente esa intencionalidad desmesurada con la puesta en escena que articula.

Es que estas dos horas largas de largometraje pagan tributo a todos los vicios y virtudes del cine argentino en su conjunto. Por un lado cabe mencionar la sutil reconstrucción de una época, (que no descuida cortes de pelo e indumentaria) o el aceptable desempeño de Gastón Pauls y Ariadna Gil en sus roles protagónicos. Por otro lado, sin embargo, aparece esa desconfianza típica para con la platea, que se detecta en la necesidad de explicarlo todo a tráves del diálogo y en ciertas tomas de los personajes frente a la cámara haciendo un resumen de lo acontecido. Es aquí donde pesa (inconscientemente), ese trabajo de pantalla chica (Lecchi ha sido director televisivo de Nueve lunas, por ejemplo), que abusa del plano y contraplano mientras los personajes hablan indefinidamente del amor, la vida, el destierro, la soledad, el destino y otros temas trascendentes.

Es una lástima porque la idea era buena y se nota que el director de El dedo en la llaga puso corazón para contar esta historia que nace en el recital despedida de Sui Géneris donde dos jóvenes (Alicia y Marcelo), se conocen a la salida, mientras toman el tren de regreso. Esas mismas vías los separarán y los reencuentros cambiarán de Argentina a España mientras destierros, amores imposibles y retornos barajarán sus cartas con el trasfondo bélico de la guerra de las Malvinas.

De esta manera la película ilustrará sobre una historia muy nuestra y reconocible, aunque relativamente simplificada por ciertos toques melodramáticos y un final «arriba» que parece calcado de modelos anglosajones. Al terminar el filme y mientras el público abandona la sala con el marco sonoro de «Bienvenidos al tren», es probable que más de uno piense sobre la gran película que podría haber sido Nueces para el amor. Es el riesgo que se corre cuando el cineasta se enamora de su filmación y no logra filtrar lo que sobra en la sala de montaje. Otra vez será.

Nueces para el amor. Dirigida por Alberto Lecchi. Producida por Gerardo Herrero. Con Gastón Pauls, Ariadna Gil, Nancy Dupláa y Nicolás Pauls.

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