El dúo Gallaher con nuevo disco

Amados y odiados los Oasis se transformaron a fines de los noventa en los abanderados de la movida brit-pop con su look neobeatle y melodías fantásticas. Cuando la prensa especializada internacional daban por concluida la peripecia de los hermanos Gallaher, pues hay un nuevo disco denominado «Parado sobre los hombros de los gigantes». Hay cuerda para rato, imagínate.

Cuando le preguntaron a Noel Gallaher sobre cuáles serían las mejores cincuenta canciones del siglo, insolente e irónico respondió: «Elijan cuarenta y nueve canciones de Los Beatles, no importa cuáles. La número cincuenta es la nuestra: «Wonderwall».

Fue una forma, ciertamente, de asumir definitivamente tal vez (como se llama uno de sus más resonantes compactos) su paternidad, su mayor influencia y su biblia: la de los fabulosos cuatro de Liverpool. Pero, al mismo tiempo, la colocación de una canción propia («Wonderwall») fue una forma de decirle a los mass-media que Oasis era dueño de la escena britt-pop, que tenían su personalidad y un estilo seductor y envolvente que había logrado una incidencia multitudinaria. Y así fue. Más allá de que en el Reino Unido posiblemente haya proyectos más atractivos como Blur o Pup, por citar dos ejemplos, los Oasis fueron los que lideraron una movida musical con una estructura cancionística que ciertamente recuperó, en el codo de los noventa, el placer de la melodía y las voces transparentes al frente.

Después de tantas idas y venidas, de los rumores de separación de Liam y Noel Gallaher, cumplieron su promesa lanzada a fines de 1998 de volver al ruedo con un nuevo compacto, el cuarto de su producción: Standing on the shoulders of giants (Parado sobre los hombros de los gigantes) que, ciertamente sin abandonar la estética neobeatle, avanzan o reescrituran la estética de la música progre de la década del setenta redondeando, si se quiere, una propuesta de cuño cuasi experimental y más salvaje, más punzante.

El nuevo trabajo de Oasis saldrá mundialmente a la venta a fines de este mes y, de arranque, una canción instrumental denominada «Fuckin un the bushes» abre esta nueva estación compositiva de los hermanos Gallaher, donde pueden apreciarse algunos movimientos de estilo.

Pero, desde luego, la banda no ha abandonado su perfil beatlemaníaco y su delicado gusto por las construcciones melódicas que se delatan en temas com «I can see a liar» o «Little James», una canción firmada por Liam dedicada a su hijo y que posee ese aire baladístico melancólico típico de los Oasis.

Las diez canciones del compacto lucen, según la prensa especializada, sólidas y compactas y de una creatividad que no fractura la continuidad estilística y esteetica de sus opus anteriores, a excepción de los giros anotados más arriba.

Melodías, guitarras zumbonas y hasta ácidas en su sonoridad, uso de los viejos órganos Hammond, percusión sutil y a veces al mango, he ahí la clave de este esperado nuevo disco: Oasis, y especialmente los conflictivos Gallaher, parecen estar más perdurables que nunca.

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