La lengua no es de trapo

Salir, otro verbo polisémico

La semana pasada dediqué esta columna a las variadas acepciones del verbo dar, sobre todo formando parte de expresiones hechas. Me propongo proseguir hoy con otros verbos que ofrecen una rica polisemia, con lo cual quiero decir que sirven tanto para un barrido como para un fregado.

El verbo salir, por ejemplo, es un verbo muy modesto y aparentemente de semántica unívoca. En principio significa pasar de un lugar cerrado a otro abierto o sencillamente abandonar el lugar donde se estaba: hace días que no sale de su habitación; salí al jardín. El antónimo sería entrar. Sin ningún complemento de lugar, significa dejar el hogar con el objeto de gozar de un tiempo de solaz, de esparcimiento, de garufa, de copas, etcétera: nos gusta salir los viernes de noche. Pero si digo que Gumersindo y Remedios están saliendo juntos, quiero decir que se hallan en el comienzo de una relación amorosa aunque no salgan a ningún lado (más bien se quedan dentro de una habitación haciendo chanchadas). Si hablamos del sol o de los astros en general, usamos el verbo salir ­forzando un poco su semántica­ como sinónimo de asomar, emerger: mañana el sol saldrá a las 6.55. Esto no debe asombrarnos ya que en francés se dice que el sol «se levanta» (le soleil se lève à 6 heures) como una persona que abandona el lecho; y, por supuesto, cuando nosotros decimos que se oculta, los franceses dicen que «se acuesta». Cosa rara las idiomas, ¿no? Y con el mismo sentido de surgir o aparecer, decimos: me salió un orzuelo; y también: salió el 48 a la cabeza (salió del bolillero).

Pero hay otros usos de salir en los que la semántica primigenia se ha desvirtuado por completo. En efecto, ¿por qué decir que lo barato sale caro, o que el vaquero que me compré me salió 250 pesos? No veo relación alguna entre salir y valer o costar, que serían los verbos adecuados para expresar el precio de una mercancía.

Y ni que decir de la ya célebre expresión de los gastronómicos: sale con fritas, o sale con rusa. La comida no sale: se prepara, se sirve y se degusta, pero no sale. Asimismo, las noticias y las fotos de prensa se publican y aparecen en el diario, pero es medio disparatado decir que tal información salió en todos los diarios.

Y por último, tenemos al verbo salir como sinónimo de partir, cuando en rigor son dos cosas bien diferentes: El avión a París sale a las diez, o el tren salió a las once de Madrid. Es cierto que tanto el avión como el tren salen del aeropuerto y de la estación respectivamente, pero lo que hacen es partir, o sea, ponerse en camino.

–Ta clarito, Mendieta; ahora, mientras yo salgo a fumar un cigarrito, usté puede mandar la vuelta, ¿o me habrá salido medio machete?

–¡Qué lo parió! *

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