Cuatro visiones de Carver
El autor, con su beca Guggenheim de 1979 y su ingreso a la Academia de Letras de los EEUU, es, misteriosamente, un ícono de la lectura ‘underground’ rioplatense; quizás sea esencialmente un fenómeno editorial, fundado en la difusión de los libros de «Anagrama», de un modo semejante al auge de anteayer de Paul Auster (también editado por «Anagrama» y que fue escenificado en Montevideo, también en PuertoLuna, por María Dodera).
Carver abunda en detalles erráticos, morosas descripciones de abombados que toman, con suprema indiferencia, refrescos, cerveza, vodka o drogas; el todo está agravado por las traducciones de la editorial Anagrama, pródigas en follares, salpicaderos, bocadillos y mujeres cachondas.
La obra está compuesta de cuatro cuentos o episodios, Intimidad, ¿Por qué, cariño?, Paquetes y ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? sin ninguna relación argumental ni temática entre sí, que ilustran sobre la modalidad fragmentaria del autor tanto como sobre las dificultades, nunca bien resueltas, de la trasposición de la narrativa al teatro.
Así en el último, «Mel» o «Miguel» (Walter Reyno) es un personaje bien armado; quizás su compañera «Terri» o «Teresa» (Margarita Musto) con su recuerdo por un marido sádico también tiene tres dimensiones; los demás, Pablo y Laura, son meras sombras. El desenlace del cuento es una sensación de atmósfera, muy subjetiva, que ha sido imposible de trasladar a la escena.
Cuando Carver escribe, al final del cuento, «Oía los latidos de mi corazón. Oía el corazón de los demás. Oía el ruido humano que hacíamos allí sentados, sin movernos, ninguno en lo más mínimo, ni siquiera cuando la cocina quedó a oscuras», no hay nada, ni aun en la banda de sonido, que ofrezca un equivalente escénico.
Mejor resultado se obtuvo en Intimidad, donde el efecto de incertidumbre respecto de la verdadera personalidad del hombre y de su acercamiento a su ex esposa llega hasta el fin. Paquetes resulta demasiado previsible en su anécdota, y un tanto desdibujada en lo que se refiere a su tema, que es, si no nos equivocamos, la relación padre hijo.
La puesta en escena de Horacio Buscaglia se ha centrado en la transcripción de los diálogos, dando por supuesto que su sentido de la alusión podría completar un esbozo teatral a la manera de Pinter. Ello se logra en parte, como un efecto de la pura narrativa, en Intimidad; en ¿Por qué cariño?, quedan demasiadas interrogantes por resolver; pero la ambigüedad deliberada respecto de quiénes son exactamente los que están en escena deviene más dificultad de comprensión que sentido del misterio.
Dentro de un conjunto de interpretaciones correctas, pero cuyo estilo no estuvo satisfactoriamente unificado, Walter Reyno tuvo una actuación muy valiosa en Intimidad.
De qué hablamos cuando hablamos de amor (Carver mínimo) cuentos y poemas de Raymond Carver, por el Teatro Circular en traducción y adaptación de Horacio Buscaglia. Con Walter Reyno, Margarita Musto, María Varela y Emilio Pigot. Escenografía Osvaldo Reyno, vestuario de Soledad Capurro, selección musical de Horacio Buscaglia sobre obras de Tom Waits y Rachel Portman, luces de Hugo Leao, dirección general de Horacio Buscaglia. En Teatro Circular, sala 2.
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