"EL VESTIDO DE NOVIA DE GISELE SCHMIDT" DE JULIE VINCENT, EN EL TEATRO VICTORIA

El sueño como una segunda vida

Misteriosamente impulsada por esa frase, Vincent escribió, como homenaje a la actriz y aun en vida de ella, «El vestido de novia de Gisèle Schmidt». La pieza no es la biografía de Gisèle ni sus recuerdos o ensoñaciones, sino, según la autora, «un ejercicio libre de la facultad de soñar». La autora se ejercita, así, en seis cuentos que tienen en común el vestido de novia de Gisèle Schmidt, que pudo no haber existido y que, única constante en todas las narraciones, es llevado y traído de un continente a otro durante treinta años.

En la obra encontramos griegos y portuguesas, heterosexuales y gays, mancos y válidos, actores y ociosos. Vincent resolvió todo este tráfico estrenando la versión española de la pieza, bajo su dirección, en Montevideo y en el teatro Victoria, con el concurso de «El Galpón» (Gisella Marsiglia interpreta a la actriz en la ventana); en la obra se habla español, francés, portugués y tal vez algún otro idioma. La globalización llegó al teatro hace tiempo; la había precedido la plétora; la aventura uruguaya de Julie Vincent, por extraña que parezca hoy, será mañana moneda corriente.

Comienza la pieza.

En primer plano, en una agradable semioscuridad, Gisèle, de espaldas al público, en su ventana; quizás soñando, aunque sus sueños no son los de Vincent. Hay un escenario, con un músico; los actores aguardan, a los costados, casi en escena. La presentación interesa, pero llegan los sueños, cuya libertad Vincent sobreestima. ¡Cuántos fantasmas, cuántas aguas claras que corren a ninguna parte, en la mente que sueña! Quizás por un resto de lecturas sobre psicoanálisis los sueños de la pieza incurren, con llamativo exceso, en lo sexual; y hay un primer sueño, muy vulgar, que sucede en un transporte colectivo, en el género que Erica Jong llamó «la encamada con cierre relámpago». Este sueño contrasta con el último, donde hay un personaje, una trama sobria y contenida y donde Daniel Bérgolo realiza la mejor interpretación. Con su clara afición a lo fortuito, Vincent no establece más relación entre los sueños que la presencia del vestido de novia, que pasa de mano en mano; de aventura en aventura, sin explicación y a velocidad, como en las narraciones de Voltaire; y cuando Vincent se detiene a reflexionar sólo nos da, ay, lugares comunes.

La autora, a su manera, ha homenajeado a Gisèle Schmidt. Es una obra muy personal, que debe tener para la autora un valor tan grande como difícil de apreciar por nuestro público. Ciertamente, los diálogos se han cuidado y pulido: hay un aire «primer mundo» en el acabado y prolijidad de la escritura; pero no es clara la relación de «El vestido de novia de Gisèle Schmidt» con el espectador montevideano, que nunca oyó hablar de la actriz. Concedemos con gusto que es posible encontrar la revelación de nuestros sentimientos más íntimos en la playa de Balbec o en la campiña de Valois, más que en la literatura «nacional», con su amaneramiento seudopopular, sus fastidiosas alusiones locales, su fantasma de la «identidad nacional». Pero Vincent no es ni Proust ni Nerval, y, respetando su homenaje y su intención, sentimos que «El vestido de novia de Gisèle Schmidt» nos es extraño, no nos concierne.

Como directora, Vincent logra buenos efectos de conjunto, un fluir ágil y convincente de la acción. Los intérpretes no parecieron mancomunar sus estilos; posiblemente ello no era posible, dado el tiempo de que dispuso la autora y directora para montar la pieza; por separado sus actuaciones fueron estimables. *

EL VESTIDO DE NOVIA DE GISÈLE SCHMIDT, de Julie Vincent, en traducción de Marta Huertas, con Alicia Alfonso, Daniel Bérgolo, Cecilia Cósero, Ismael da Fonseca y Gisella Marsiglia. Escenografía de Geneviève Lizotte y Dante Alfonso, vestuario de Geneviève Lizotte, música de Michel Smith, iluminación de Pablo Caballero, dirección de Julie Vincent. En teatro Victoria.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje