REGISTRO, ACCESO Y GESTION

El misterio de los catálogos invisibles

Son a veces folletos escuetos, a veces libros breves, otras de tapas duras, y pueden ser enormes, lujosos y espléndidos volúmenes como el de la antología de Clemente Padín el año pasado, en el Centro Cultural de España, o la colectiva «Arte y Madera» en el Museo Nacional de Artes Visuales. Son registros indexados que consignan las obras en exposición, reproducen el texto curatorial, y currículum de los artistas expositores.

Los catálogos se editan, pero no se ven. Al solicitarlos en el vernissage de la muestra, la constante es que «no están prontos». Y al esperar semanas a que sí estén disponibles, y volverlos a solicitar… la respuesta clásica es que… «no quedan más». Los catálogos involucran a diseñadores, editores, correctores, armadores, y una entidad que los financia. O esos actores trabajan con retraso endémico o lo hacen a tiempo, pero los gestores no.

Amén del interés (frustrado) del público en acceder a ellos, está el de la prensa. Los catálogos son fuente de consulta. Hay una abismal diferencia entre contactar a los artistas expositores de una colectiva de a uno, para repasar sus obras, o consultarles la técnica de su obra, y hacerlo catálogo en mano. El crítico de LA REPUBLICA Nelson Di Maggio aludió a este problema en artículo reciente a propósito de una muestra en el Subte: el catálogo estaba allí «encadenado» a una mesa. Y no le proporcionaron uno para poder llevarse a su casa y trabajar. Interrogados gestores de tal espacio al respecto, respondieron que «lamentablemente en el Subte no hay agente de comunicación, nadie se ocupa de este trabajo. Estamos absolutamente desprovistos de referentes capaces de vehicular las demandas».

Por otra parte, un artista de los más activos del momento, Javier Abreu, opinó: «Tampoco los artistas recibimos los catálogos. Los curadores sólo se preocupan de enviarle el catálogo a personas ‘importantes’, entre las que parece que no estamos incluidos. ¡Y ahora me entero que tampoco los periodistas que difunden nuestras actividades!».

El hecho de que los catálogos no circulen va en desmedro de la difusión del arte, y de su encuentro con el público. Y vuelve más arduo aún el ejercicio de un periodismo de calidad cuando herramientas de comunicación fundamentales se empobrecen o escatiman. *

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