Las nieves de antaño mantienen la vida
Nunca divos, ni aun protagonistas: porque el barrio, con sus sobrenombres y sus sobreentendidos, nos daba una lección de anonimato, de vidas percibidas en su verdadera, pequeña pero irrepetible dimensión. El, también hoy, es modesto y gusta del anonimato, de borrar las huellas tras sus pasos. Aquí empareda sus buenos cuentos entre dos tapas de Fontanarrosa que, aun retocadas y reeditadas una y mil veces, no los valen. Vidal nos habla de la edad de oro, de la historia en común. Uno piensa en la construcción de la catedral de Chartres, donde cada uno participaba sin creerse artista, acarreaba algunas piedras, esculpía una figurita, sólo una, en un portal. Queda por verse si el barrio de la infancia y juventud de Vidal no está siendo destruido por los shoppings, los malls, los teléfonos móviles, la televisión y las computadoras, todo lo que nos conecta más fácilmente con la aldea global que con nuestros vecinos de piso.
Como de costumbre, Vidal, en su escala y para sus obras, es un intérprete que no se asemeja a ningún otro; como director lleva bien la narración e identifica bien dónde hay un conflicto, una tensión, teatro al fin. Lo secundan con eficacia Marcelo Pallares, Roberto Bornes y Walter Etchandy. *
HISTORIAS DE BOLICHE, sobre textos de Enrique Vidal y Roberto Fontanarrosa, con Marcelo Pallarés, Roberto Bornes, Enrique Vidal y Walter Etchandy. Ambientación y vestuario de Carlos Pirelli, dirección de Enrique Vidal. En Teatro El Galpón, sala Cero.
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