El cartero llama tres veces
Sandino Martínez
Esta versión de la obra del chileno Antonio Skármeta se estrenó en diciembre del año pasado y recorrió toda Argentina. En Santiago del Estero, el gobierno provincial prohibió su estreno (por tener un desnudo en escena) y Grandinetti fue amenazado por teléfono por «un facho» que le dijo que iba «a ser boleta». Finalmente no pasó nada y el elenco se sacó las ganas presentando la obra en un teatro que depende de la Universidad Nacional Argentina.
Aunque el texto de El Cartero (el título original es Ardiente Paciencia) data del 82, la película El Postino lo relanzó a la fama: «Me gusta mucho el nombre Ardiente Paciencia, pero comercialmente es conveniente ponerle El Cartero» apunta el actor argentino.
–¿Cómo es interpretar a Neruda?
–Se debería sentir algo especial y en la previa me pareció que era así. Ahora ya no, porque si sintiera ese peso, no saldría al escenario. Lo más entretenido fue toda la investigación sobre el personaje, todo lo que leí, las anécdotas que me contaron, haber estado en Isla Negra, ver la casa, como la fue agrandado en función de lo que tenía. Por ejemplo le regalaron una estatua que era un caballo e hizo un habitación para eso. Coleccionaba todo tipos de objetos, llaves, cosas del mar, de todo.
–¿Qué diferencia hay entre la obra y la película?
–La relación entre Neruda y el cartero es la misma y la relación entre el cartero y la chica también. La diferencia es que el cartero (Nicolas Cabré) tiene menos años que en la película, acá tiene 17 años y la chica (Gabriela Sari) también.
En el teatro no podés meter a un tipo de 40 años a preguntar qué es una metáfora, queda como un boludo.
Otra diferencia es que transcurre en Chile y no en Italia, como en Il Postino. Eso fue un invento que hicieron los tanos para hacer la película. No se sabe bien qué está haciendo Neruda en Italia. Me parece que es mucho más rica la historia que contamos nosotros, que por otra parte es la original, porque primero escribió la obra y después la novela.
–Vos has hecho cine, televisión y teatro. ¿Qué te gusta más?
–La tele es lo que menos me gusta. El teatro me gusta mucho, pero te quita la posibilidad de hacer cine, es complicado. Este año rechacé dos ofertas de Canadá y España para hacer cine, porque tenía que parar la obra y no podía. Hay 14 personas que viven de esto y a pesar de que me hubiese convenido, hacerlo hubiese significado dejar a la gente sin laburo. A veces digo: puta, voy a parar con el teatro, pero a su vez ya estoy pensando en lo próximo que voy a hacer. Me gusta mucho.
–No es la primera vez que cruzás el charco.
–He venido varias veces a Montevideo. En Uruguay el público es muy exigente, es muy teatrero, no es del elogio fácil. No se lo convence fácilmente y mucho menos con una obra como ésta, que la tienen bien conocida porque ya la vieron. Hay que transpirar bien la camiseta, porque si no (hace un gesto con las manos golpeando la mesa), acá te bajan el pulgar.
Pero en Argentina nos ha ido bien, los comentarios siempre han sido muy buenos. Creo que hay un gran mérito, primero de la obra y después de la dirección de Hugo Arana, que no buscó, ni quiso hacer nada rimbombante, ni hacer otra cosa que no fuera respetar el valor de la palabra. Es una cosa sencilla y por eso conmovedora. A nosotros nos gusta, si bien como decía antes, no me pienso todo el tiempo que hago de Neruda, hay determinadas cosas que digo, que son cosas textuales de Neruda, que decirlas me dan mucho placer.
–¿Qué estás haciendo aparte de la obra?
–Este año empecé a filmar una película, en la que trabaja Nicolas Cabres, que es el cartero que se paró hace cuatro o cinco meses por falta de guita. No está terminada.
–¿Cómo se llama?
–La ciudad del sol. Es una historia sobre lo que hacen los militantes de los años 70 hoy.
–¿Militantes como los montoneros o como los troskistas del ERP?
–No, son peronistas pero no montoneros. Hay un abanico de personajes, el mío es un tipo que se fue a vivir a España, se vuelve un empresario muy exitoso y vuelve por un tema muy personal. Hay otros personajes donde uno es un ladrón, otro un maestro, otra es una mujer que le da de comer a los chicos de la calle y otra se suicidó, hay de todo.
Teóricamente antes de fin de año se va a terminar, pero no lo sé. Como está la situación en Argentina con respecto al cine y a todo eso, realmente nunca se sabe qué es lo que va a pasar. Fuera de eso no hice nada más.
–El año pasado se estrenó una película tuya (en Uruguay no ha sido estrenada) llamada Operación Fangio. ¿Cómo le fue?
–Se estrenó el año pasado. No la vio nadie, duró dos semanas en cartel. No le interesó a nadie.
–¿A vos te gustó?
–A mí me parece que está bien la película. Pero ni siquiera fueron para ver si era buena o mala.
–¿Fue por falta de marketing?
–No, no le faltó promoción. Fangio (el argentino quíntuple campeón mundial de Fórmula 1 que fue secuestrado durante tres días por el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro en la Sierra Maestra) es una personalidad que uno cree que es atractiva y convocante y además la historia transcurre en Cuba.
Pero nada, ni en Valcarce, que es donde nació Fangio, fueron a verla. Se ve que no lo querían, porque en cuatro días se vendieron 91 entradas.
«Me gustan los tipos cabrones»
Aunque no es muy común en un actor, Grandinetti casi se convierte en un jugador de fútbol profesional. En Rosario, donde vivió las dos primeras décadas de su vida, soñaba con ponerse la camiseta número 9 de Newels Old Boys.
–¿Casi fuiste jugador de fútbol?
–Yo estaba a prueba para firmar para Newels y junto con eso empecé a tomar clases de teatro.
–¿Era una cosa o la otra?
–Sí, además yo laburaba, no podía hacer todo, y bueno me decidí por el teatro. Me pareció menos sacrificado, era más fácil, porque para jugar al futbol tenía que dejar de fumar, de salir, levantarme temprano, entrenarme y para el teatro no hacía falta nada de eso. Además me da mucho placer estar arriba del escenario.
–¿De qué cuadro sos?
–De River.
–¿Qué te parece Passarella como técnico?
–Me encanta. Creo que no fue su culpa que Argentina quedara eliminada del pasado Mundial. Además veo jugar a Uruguay y estoy seguro que lo va a clasificar. Es un hombre duro, testarudo, pero no al cuete, sino que cree en eso y va hasta el fondo con eso. Me cae bien Passarella y también (el actual técnico argentino) Bielsa. A mí me gustan los tipos cabrones que no siguen la corriente. Allá protestan porque Bielsa sólo atiende en conferencia de prensa. ¿Por qué tiene que estar todo el tiempo explicando? No me quiero meter en el trabajo de un profesional que vive de eso, porque soy respetuoso, pero a veces escucho a cada papanatas que estoy seguro que si le tirás una pelota tardan tres minutos en bajarla.
–Vos no sos un representante de la farándula porteña.
–No, mi laburo es actuar, ningún otro. Cuando voy a los estrenos es porque se trata de algún amigo o porque es alguien que siento que necesita que esté ahí. La prensa en Argentina tiende a meter todo en la misma bolsa, para muchos es lo mismo Norma Leandro que Beatriz Salomón. Entonces, como yo no quiero entrar en esa, prefiero quedarme en mi casa o ir a comer con un amigo a algún lugar tranquilo.
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