Hagan de cuenta que estoy muerto

Nacido en Montevideo en 1951, el escrito Juan Carlos Mondragón reside actualmente en Francia, donde ejerce la docencia en la Universidad de Lille.

Es egresado del Instituto de Profesores Artigas y se doctoró en Barcelona, gracias a una tesis sobre la obra teórica de Joaquín Torres García. También se graduó en París, con un trabajo monográfico referido del monumental escritor compatriota Juan Carlos Onetti.

Recién a partir de la edición de «Aperturas, miniaturas, finales», en 1985, su obra comenzó a publicarse y difundirse en forma regular en nuestro país.

Luego, se sumaron obras como «Nunca conocimos Praga» (1986), «In memoriam Robert Ryan» (1991), «Mariposas bajo anestesia» (1994), «Las horas en la bruma» (1994), «Nunca conocimos Praga/ transfiguración» (1997), «Siete partidas» (1998), «El misterioso Horacio Q» (1998 y 2005), «Montevideo sin Oriana» (2000), «Nunca conocimos Praga/ libro tercero» (2003), «Pasión y olvido de Anastasi Lizavetta» (2004) y «Night and Day (2006)».

Algunos de sus libros han sido traducidos a otros idiomas.

«Hagan de cuenta que estoy muerto» es un doloroso tour de force por los tortuosos pasadizos de la memoria.

El protagonista, un hombre completamente ajustado a lo que la sociedad espera de él, con un trabajo seguro, un matrimonio predecible y un hijo al cual adora, reserva para sí los recuerdos del Montevideo de principios de los años setenta.

Mondragón nos retrotrae a la agobiante atmósfera de ese tiempo histórico singular, con el ominoso fantasma del autoritarismo sobrevolando el paisaje cotidiano, los conflictos sociales y la intensa movida cultural que protagonizaba la sociedad uruguaya.

En ese periplo, el autor restituye la memoria de las barras de intelectuales que se reunían en emblemáticos cafés de la ciudad y los amigos que luego la vida separaría en algunos casos para siempre.

Algo hastiado de su rutinaria existencia, pero resignado a la aparente seguridad de su matrimonio, su trabajo y su familia en general, el protagonista es sorprendido por una cruda noticia que amenaza con trastocar radicalmente su esquema de vida, sacudiéndolo hasta los mismos cimientos de su existencia.

La infausta novedad es el asesinato de un viejo amigo de aquellas épocas, el Gordo Molinari, una suerte de decadente y pomposo intelectual de izquierda y un individuo que hacia gala de una personalidad esquiva y un comportamiento errático.

Sobre esa arquitectura argumental, el relato evoca a aquel Uruguay perdido y sus referentes culturales y sociales.

Mondragón teje la trama de su obra a partir de la reconstrucción de la personalidad del amigo asesinado, que algunos de sus allegados, amigos, enemigos y parientes intentan rescatar del olvido.

Si bien la calidad de narrador del autor es obviamente innegable, los excesivos preámbulos, las descripciones por momentos tediosas y recargadas y el lenguaje académico incluso cuando se relatan acontecimientos cotidianos y banales, termina por agotar buena parte del interés de la historia.

El rumbo de la obra peca por momentos de algo errático, como si el novelista abultara deliberadamente la narración, intentando crear un clima de suspenso o ganar tiempo mientras teje la trama principal.

Sin embargo, el tono localista y temas recurrentes como la nostalgia, el exilio y el enrarecido clima social y político del Uruguay previo a la dictadura, sumado a la cuidada prosa de Mondragón, transforman a esta novela en una propuesta atendible. *

(Edición de Seix Barral)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje