EDUCACION EN DEBATE

La música como materia curricular

La presencia de la música en el Bachillerato del Ciclo Básico fue asignatura de carácter obligatorio durante estos años, y está a estudio que pase a ser de carácter optativo y extracurricular. Esto configura una situación de emergencia cultural para actores que se oponen a la modificación, desde esferas de la docencia, el arte y la crítica. Ellos consideran que ante esto la educación de los uruguayos se ve amenazada.

LA REPUBLICA dialogó con Andrés Carlos, docente de educación musical en los liceos 41 y 17, y vocero de la Asamblea de Docentes, Estudiantes de Formación Docente, y Docentes de Formación Docente de Educación Musical.

«Quienes integran estas asociaciones no pasan de las 500 personas. Lo que nos preocupa y está en juego, sin embargo, atañe a la totalidad de los uruguayos y la calidad de su educación. La formación musical empieza en el liceo. Los chiquilines llegan con cero formación. Lo que hay en la educación inicial y primaria es alguna práctica muy aislada, recreativa, pero la formación en sí para todos empieza en primer año. Tenemos que lograr a esa altura que los chicos aprendan lo que en dibujo significa diferenciar los colores y las formas. Sino se trabaja la percepción sonora a esa edad, ya después no hay tiempo para trabajarla, la persona se transforma en analfabeto musical para el resto de su vida».

En 2º año, la materia música tiene una carga horaria mínima de 3 o 4 horas semanales. Con la reducción horaria que se propone, si música pasara a ser optativa, los docentes sostienen que en 3º desaparecería la materia en los hechos.

«Hay estudios que evaluaron los espacios extracurriculares optativos, y demostraron que no funcionan como tal», señala el vocero. «A esto se suma que muy pocos liceos tienen material didáctico: instrumentos musicales, amplificador, salón acondicionado para talleres. Nos mandan con un cuchillo y un tenedor a la guerra. Si estuviera en condiciones la enseñanza, si los liceos tuvieran lo que no tienen, esto atraería, aunque fuera optativo, al estudiante al taller. Pero éste no puede sustituir la clase curricular de 3er año por el desvalimiento desde el cual se aborda».

 

Público carente,  público cautivo

Tercer año, apunta Carlos, «es la edad adecuada para aproximarse. Es preocupante que el estudiante culmine el ciclo básico sin tener la oportunidad de acercarse a la música. Esta es muy importante en la vida del adolescente. Se calcula que el 80 por ciento de la producción musical mundial está orientada al mercado adolescente, a esa edad están muy expuestos al mercado. Creemos que el rol de la educación debe ser mostrar la diversidad, apuntando a la reflexión».

Para quienes día a día educan, el conocimiento musical se constituye como un corpus con una práctica fundamentada. La música como materia, se estudia desde su relación con la sociedad. Expone Carlos: «Ofrece el desarrollo de herramientas que permiten construir un consumo crítico de los productos musicales, para diferenciar las finalidad artística o comercial. Si se elimina o reduce, se degrada el abordaje de un contexto que aproxima al alumno a la música desde lo histórico, sociológico, antropológico, filosófico. El desarrollo integral de la personalidad va de la mano del estudio y análisis de nuestra identidad musical: murga, candombe, folclore, canto popular, y la identidad cultural latinoamericana».

Por estos días está en juego el hecho de que una materia sea curricular o no, lo que en definitiva ubica a la educación integral, inclusora y equitativa en su umbral: entre obligación y derecho. Cuando hace unos años se disminuyó la carga horaria de música, el hecho pasó más desapercibido a nivel de prensa y opinión pública. Ahora las asambleas docentes que se oponen a la iniciativa del Codicen convocaron a una movilización, y elevaron una carta a las autoridades, cuya respuesta aguardan. *

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