Amores de invierno

En «Amores de invierno», el escritor peruano Alonso Cueto nos ofrece una admirable muestra del difícil arte del cuento corto, logrando imponer un estilo personal y llamativo, aún con notorias influencias de grandes autores que supieron cultivar esta modalidad.

Por momentos, el autor apela a algunos guiños a la más fecunda y cursi tradición de la llamada novela rosa o «del corazón», acercándose al almibarado, folletinesco y melodramático estilo de autoras como la mítica española Corín Tellado.

Sin embargo, ese recurso opera sólo como un apunte paródico y de grotesca creación de ambientes, para enmascarar la verdadera naturaleza de algunas de sus historias.

El libro está compuesto por quince relatos totalmente independientes, en los cuales se aprecia la común intención de rescatar los pequeños dramas cotidianos y las tormentosas pasiones de la vida diaria, en una sabia mixtura entre el absurdo y realidad.

El talentoso autor maneja narraciones que van desde las dos carillas hasta la extensión de una pequeña historia. En todos los casos, demuestra su innegable oficio, creando personajes verosímiles, pero dotados de una grandiosidad cinematográfica o novelesca.

Con un estilo minimalista y valiéndose de muy pocas pinceladas, Cueto nos sumerge en peripecias de personajes comunes, a veces menores y rutinarias, quienes, al influjo de su pluma, cobran una singular dimensión literaria.

La primera narración, tan breve como contundente, titulada «El jefe», nos muestra la vida aparentemente perfecta del gerente de una empresa, su forma de percibir el mundo y las decisiones que decide tomar, algunas totalmente inesperadas y que cambiarán inexorablemente el curso de los acontecimientos.

Cueto construye ese universo en poco más de dos carillas. Sin embargo, esa economía de recursos no va en detrimento de la calidad y la profundidad en el desarrollo de la trama y los personajes.

La segunda historia, titulada «Velada», es una narración breve y contundente, en torno a una pareja que padece serios problemas de comunicación, pese a compartir una convivencia aparentemente armónica.

En este caso, una vez más, el escritor retrata lo grotesco detrás de lo cotidiano, ensayando una aguda reflexión sobre aspectos de la vida social a los que ya estamos acostumbrados.

«Día de trabajo» es una historia aparentemente laza e irrelevante. No obstante, a medida que evoluciona, la trama va cobrando dramáticos ribetes, hasta un desenlace estremecedor.

Una mención aparte merece «Amores de invierno», cuento que da nombre al libro. Este relato funciona como columna vertebral de la obra, articulando sutilmente con el resto de las historias, para conformar un implícito corpus literario.

La historia narra la peripecia de un galán televisivo reducido a patético personaje secundario en un programa de humor chabacano, cuya vida cambia radicalmente cuando una antigua pareja le propone enamorar a una obsesiva y acaudalada fanática.

Alonso Cueto maneja los tiempos admirablemente, componiendo al personaje principal a retazos, mediante una atinada utilización de los silencios y la exploración del perfil psicológico de la decadente estrella.

También cabe destacar la admirable composición de la ex pareja del protagonista y de la cándida admiradora, una mujer estancada en el tiempo, de personalidad infantil y soñadora.

«Amores de invierno» corrobora nuevamente la estatura literaria de Alonso Cueto, quien vuelve a desplegar todo su talento y oficio de gran narrador. *

(Editorial Planeta)

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