RECORDANDO A LAGRIMA RIOS

Tributo a la perla negra afrouruguaya

El 25 de diciembre, a los 82 años, moría Lágrima Ríos dejando un poco más solo y desnudo de grandes figuras el ambiente de la cultura, y en especial el de tango y milonga que había poblado de ritmo y fervor durante su frondosa carrera.

La Asociación General de Autores de Uruguay (Agadu), la directora de Editorial Rumbo, Carmen Galusso, y el conductor del programa El espejo, Rubén Olivera, han coordinado este tributo, en el que actuará –gracias al apoyo de la Embajada uruguaya en Argentina– la hermana de Lágrima, Nora Benavídez, junto a los músicos que acompañaban a la artista; los guitarristas Daniel Petruchelli y Walter Díaz. El encuentro será en la Casa del Autor de Agadu -que también está de aniversario-, y como parte del mismo habrá una serie de instancias de evocación. Se exhibirá un documental sobre la vida y obra de Lágrima realizado para la televisión estadounidense por el periodista uruguayo, radicado en los Estados Unidos, Rubén Sánchez, un material que ya fuera exhibido en Nueva York. Habrá palabras para la artista, seguramente sentidas y plenas de recuerdos, del presidente de Agadu, Alexis Buenseñor, del músico Walter Díaz, de la profesora Carmen Galusso, y de los periodistas y amigos de la cantante Ignacio Suárez y Rubén Olivera.

Al finalizar, se realizará un brindis por la memoria de Lágrima, y se compartirá un mensaje especial del intendente de su tierra natal, Durazno, el profesor Carmelo Vidalín. La cita es en la Casa del Autor (Canelones 1130), a partir de las 20.00 horas.

 

A pura Lágrima

Hija de jornalero del puerto y empleada doméstica nacida en un conventillo, fue pobre y discriminada por el color de su piel cuando se llamaba Lida Benavídez, y aún cuando tomó el nombre artístico que parecía proclamar el dolor antiguo soterrado de los discriminados: Lágrima, un seudónimo sugerido por su padrino artístico, el cantautor Roberto Mastra. Ni el prodigio de su voz, ni esa falaz indulgencia de la hipocresía racista que admite a «algunos negros», siempre y cuando sean raras avis o ricos o famosos, le evitó la humillación de entrar por la puerta de atrás a ciertos teatros y a ciertas recepciones diplomáticas por el mundo, o directamente ser expulsada de tantos otros espacios de la infamia.

Comenzó a cantar en 1945, acompañada de un guitarrista, y al tiempo debutó en la fonoplatea de CX30 en el Palacio Salvo. En el esplendor de este tipo de emisiones radiales, en 1956 ganó un concurso de CX24, y a partir de ahí integró la orquesta de Orosmán Fernández, de donde la expulsaron sencilla e imperdonablemente «por negra». Sin darse por vencida, pronto se unió al conjunto musical Brindis por 10 años, con el que recorrió radio, televisión y salas bailables de Uruguay y Buenos Aires.

Fue la voz femenina del candombe por excelencia y pertenencia, aunque tangos y folclore formaron parte de su repertorio. Compartió escenario con enormes maestros: Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, Héctor Mauré y Alberto Castillo, y también cantó con Danny Glover, el actor que visitó hace pocos días Montevideo para rodar su último filme.

Recorrió el mundo, cantó en La Sorbona y fue recibida por Nelson Mandela. En 1972 editó un larga duración (¡entrañable formato!), «La Perla Negra del Tango». En 1982 viajó a Europa y vivió en España por tres años. En 1993 fue embajadora del tango en la primera cumbre mundial realizada en Granada, y dos años después asumió la presidencia de Mundo Afro. En 1996 cantó en la tercera Cumbre Mundial del Tango, realizada en Montevideo y ciudades del interior. Enseguida editó su primer disco compacto «Cantando Sueños» (1997), y filmó el video clip del tema «Danza Sur» (1999). Para quienes allí estuvimos, fue una gloria verla recuperada de una larga enfermedad actuando en el Teatro Solís, invitada por Luciano Supervielle, en la presentación de su disco solista.

Atrás quedó el hogar pobre, la capataza del Mediomundo y las épocas en que no tenía dinero para comprar la comida, pero nunca olvidó la huella de la infamia, el zarpazo del racismo, y hasta su partida denunció aquellas afrentas. No le gustaba hablar de «raza negra»: «raza hay una sola, que es la humana», repetía. Y tenía razón, hasta los antropólogos rebaten tal delimitación y establecen que a esta altura de la evolución de las especies, en todo caso hay tendencias étnicas, pero todos somos productos del mestizaje. Sí le gustaba hablar de «colectividad negra», y sin duda ésta la toma con orgullo y amor como su referencia. Pero Lágrima es de todos los uruguayos. A esta Reina Afro, Perla Negra, y mujer entrañable, difícil que mulato o pelirrojo sensible de oídos y corazón abierto nacido en esta tierra Oriental la puedan amar diferente. *

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