UN FILME MULTIPREMIADO DEL JOVEN REALIZADOR RUMANO CORNELIU PORUMBOIU

El martes se estrenará Bucarest 12.08

La acción de «Bucarest 12.08″ se dispara cuando un conductor de televisión busca invitados para su programa, que va a evocar, a dieciséis años de ocurrida, la caída del régimen comunista de Nicolae Ceausescu, aquel 22 de diciembre de 1989, a la hora 12.08. Y encuentra dos: un profesor de historia aficionado al alcohol y un jubilado que en sus ratos libres trabaja de Papá Noel. Lo que quiere el conductor es saber qué hicieron a esa hora, y dónde y desde cuándo estuvieron en la plaza pública manifestando contra Ceausescu, para que de ahí surja la respuesta de si la caída del régimen fue consecuencia de la militancia política o si ésta no tuvo incidencia alguna en los hechos.

Lo más sorprendente de este feroz, desopilante y luminoso debut del director Porumboiu es la manera que encontró para hablar de la política y la memoria (como sinónimos), y de representación y verdad (como oposiciones). El talk-show, con los televidentes objetando con pruebas lo que los invitados afirman, parece un dispositivo creado por el director para incluir en el debate al espectador, para empujarlo a pensar su propia acción en la vida pública. Inteligencia cinematográfica en estado puro, ha dicho alguien. Hay una secuencia que es acaso una metáfora de todo el filme. Todavía no hay luces prendidas en la calle. De pronto, se van encendiendo paulatinamente las luces de la ciudad. Una luz sigue a la otra, y el conjunto se ilumina. El filme en sí mismo es acaso eso: el empeño en ir iluminando de a poco un pasado contradictorio.

La película lanza sobre su espectador varias preguntas inquietantes, empezando con la de qué es una revolución y de si hubo efectivamente una aquel día de diciembre, dieciséis anos atrás. Cayó una tiranía pero, ¿las cosas cambiaron realmente? La pintura del presente no es complaciente. Se describe un suburbio de Bucarest con una enorme sordidez, carente de vitalidad, y los personajes que discuten en la televisión no lucen muy heroicos. La propia polémica se queda en los detalles (nadie parece querer comprometerse con proclamas rimbombantes) y pierde de vista el cuadro de conjunto. Alguien se revela como agente de los viejos servicios de inteligencia, aún con poder. Una televidente evoca telefónicamente a su hijo muerto aquel día: hubo héroes, pero no están entre los que sobrevivieron. No hay a mano un príncipe Fabrizio Salina, pero el gatopardismo está a la orden del día.

Sin embargo el filme no se cierra con una nota depresiva. Es Navidad, cae la nieve, alguien sugiere que no hay que dejar que se convierta en barro. Hoy es el primer día del futuro, y hay que aprovecharlo. Una película premiada en el Bafici y ganadora de otros galardones internacionales.

«Bucarest 12:08″ además ha ganado un aprecio crítico casi mundial. No se trata solamente de un filme valioso, sino también de otra confirmación de la creciente vigencia de un nuevo cine rumano, constatada por otros títulos recientes en particular «La noche del señor Lazarescu» de Cristi Puiu, también ópera prima exhibida por la Cinemateca hace algunos meses. Como otras cinematografías de los países ex-socialistas hoy Rumania parece estar en un «alto» en materia de cine. Una generación de jóvenes cineastas emergentes ocupa los lugares del cine de un pasado cercano. Este filme lo confirma. *

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