Imágenes desbalanceadas
El presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez, avisó con tiempo que el viernes pasado a las 20 y 30 habría cadena oficial de radio y comunicación. Una razón lógica, su mitad de mandato, o sea dos años y medio.
Habló por casi una hora. Su contenido fue contundente como para acallar a los escépticos, para mostrar que mucho se ha andado y que cabe andar el resto con iguales buenos resultados.
Lo que nos provoca algunas precisiones poco o nada tienen que ver con el primer mandatario sino con la forma descuidada de presentarlo.
Al tape, grabado ese mismo día en el Edificio Libertad, se le pueden encontrar varios desajustes.
Un crítico podrá afirmar que fueron muchos minutos, es cierto, que ello impide una concentración en lo que se está diciendo, que además hubo un abuso en el uso de numerales y letras para dividir las áreas informadas. Pero lo que más llamó la atención fue cierta desprolijidad en la imagen final entregada para su difusión.
Hubo una buena idea, la de mover al jefe de Estado de un atril a un escritorio y luego a una silla, pero lo demás mostró cierta lógica. Por ejemplo, no parece válida la utilización de un fondo con imágenes que no son reflejo de nuestra realidad. Un racimo de uvas, algunas hay secándose, no implican una identificación a la agropecuaria. Un primer plano de una mano pequeña tomando la de un hombre o la de un chiquilín con una computadora puede aceptarse.
Pero los insistentes inicios de primerísimos primeros planos en un rostro de un bebé demuestran que se podía haber trabajado con más material. Y la pregunta podría ser: ¿no se sabe que una imagen vale más que mil palabras y que si se quita al dicente se pierde la concentración?
Lo más equivocado fue el manejo de las cámaras. Vázquez, prácticamente en la mayoría de las tomas, apareció mirando a una cámara diferente que la que le estaba enfocando y todo por el afán de integrar al resumen las imágenes.
Quietas. Quietísimas. Sin aportar nada cuando lo que importaba era la figura presidencial imponiendo sus razones y que merecían no perderse, ni distraerse en ornamentos que no aportaban, suponemos que esto era lo buscado, la agilidad de su tiempo.
Corresponde pensar que no cuesta mucho cuidar los detalles, que todo eso era corregible aunque Vázquez no guste de perder el tiempo en nuevas tomas. *
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