PANICO, EN EL TINGLADO

Rafael Spregelburd o la imaginación al poder

Los temas que plantea son intemporales, misteriosamente, empero, nos reconocemos todos en sus diálogos. Las referencias de Spregelburd a Hyeronimus Bosch, a una «Heptalogía», a distintos rasgos del carácter, tanto «La estupidez» como «La modestia», o «La extravagancia» (que dio en nuestro medio María Dodera, con actuación de Susana Anselmi) no parecen tanto eruditas como irónicas y juguetonas, como los «heterónimos» de Fernando Pessoa, que tanto han dado para divagar. Aquello parecer un juego, casi un juego combinatorio, casi una serie de bromas, como si el autor fuera más un matemático fantasioso que un escritor. No obstante, no hay que esforzarse mucho para captar el sentido crítico de sus obras, como por ejemplo en «Raspando la cruz» que pusiera en escena entre nosotros Ruben Coletto. Spregelburd parece hacer esquí acuático sobre la realidad, pero hay una sombra tétrica en sus juegos, como si la tragedia nos ronda sin que nos considere dignos de ella; así sucedía en «La escala humana», obra que escribió en colaboración con Alejandro Tantanián y Javier Daulte y que aquí conocimos en la puesta en escena de Marisa Bentancur.

En «Pánico», Spregelburd cuenta una historia cómica sobre unos herederos que tratan de llegar a un cofre fort, que debe contener la fortuna del muerto, cofre cuya llave conservaba el previsor causante en la cisterna del cuarto del baño. En uno de sus habituales despliegues de imaginación erudita, el autor relaciona esta trama de barrio con el dios egipcio Seth y con el libro de lo muertos egipcio. Por supuesto, estas alusiones, estas chispas que saltan entre polos lejanos, son una broma más, un chiste sobre las pretensiones de trascendencia y esos «misterios» o profundidades que no pasan de oscuridad o confusión. La pieza se puebla de un buen número de personajes, de los que nunca sabremos quién es el principal, porque v tal vez no lo hay; curiosamente algo parecido sucede en la reciente obra de Schimmelpfennig «Antes/después» (Teatro Stella, dirección de Calderón e Inthamoussú). No hay unidad de acción, aunque Spregelburd se ingenia para relacionar entre sí todos los episodios y atar varios cabos sueltos antes del final, siempre de manera casual e imprevista. Destacamos, por lo preciso del lenguaje y su justeza crítica, el diálogo entre una joven «liberada» y su galán, donde Spregelburd satiriza la manía interpretativa, seudo psicoanalítica, que transforma a un coloquio de amantes en una serie de disparos verbales a cargo de una autómata.

La puesta en escena de Juan Pablo Moreno es acorde con el espíritu, gracioso y lúdico, del autor; en alguna obra puesta en escena por el mismo Spregelburd («La estupidez» en Buenos Aires) vimos, o creímos ver, mucho más acentuado aquel carácter mecánico, como de muñecos o de títeres, de los seres humanos y el humor consiguiente; y el acierto de la desopilante escena que acabamos de referir pudo ser una constante y dar mayor homogeneidad al producto. El elenco que convocó el director es gente muy joven, pero que ha aprendido a consciencia el arte del intérprete; y aunque Sprelgelburd tiende siempre a dejarse llevar por su don verbal y su facundia, y la pieza se hace un poco larga («La estupidez» duraba, en la electrizante puesta en escena del mismo Spregelburd, tres horas y media, y «Bizarra», del mismo Spregelburd, se extendía por unos diez episodios de una hora y media cada uno como promedio). Uno teme que el diestro autor ya no pueda parar; pero todo sucede a su debido tiempo y al concluir la obra, que se cierra como en un sueño sobre el comienzo, hemos pasado un rato de diversión donde cada tanto, se nos hizo pensar. *

PANICO, de Rafael Spregelburd, por la Compañía Uuhh teatro, con Carina Méndez, Gabriela Pelenur, Valentina Faggi, Mauricio Chiesa, Carolina Piñeyro, Stephania Tortorella, Susana Llamazales, Cecilia González, Florencia Paullier, Rosina Piovani, Juan Pablo Moreno, Javier Estévez, Victoria Vera. Escenografía y luces de J.P. Russo, vestuario de Patricia Saralegui y María Laura Zorrilla, música y sonorización de Gastón Solari, dirección general de Juan Pablo Moreno. En teatro El Tinglado.

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