Chavela Vargas habló de sus amores con Frida Kahlo
A los 81 años, Chavela Vargas, nacida en Nicaragua pero que se considera mexicana, habló por primera vez abiertamente de su homosexualidad, informa DPA. Días antes de recibir en Madrid la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, la gran dama de la canción mexicana dijo a «El País» de Madrid que tuvo que luchar mucho, pero que para ella es un orgullo llevar el estigma de ser lesbiana. «No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego».
«He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales. Es absurdo. ¿Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así? Yo no estudié para lesbiana. No me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor». Recuerda uno de sus amores, la pintora mexicana Frida Kahlo. «Fue un amor tan bello, tan puro, tan espiritual, tan maravilloso… Ella me contaba cuentos en la noche, me contaba historias, me enseñaba cómo se pintaba, cómo se manejaban los pinceles; era una mujer interesantísima».
Haciendo un balance de su vida, considera que los sufrimientos por los que pasó la llevaron a ser fuerte ahora. «Toda mi vida, aunque no lo supiera, iba dirigida a este momento que vivo ahora». Vargas volvió a la popularidad en España con la inclusión de sus temas en las películas de Almodóvar.
Así, también encuentra el lado positivo a los años en los que se forjó su «leyenda negra», en los que parecía atrapada en las redes del alcohol. «Fue una cruz mi época de borrachera, los años que pasé en el alcohol. Ahora sé que esa fue mi catarsis». Adora las serpientes –«son lo más tierno, las amo, su aliento huele a madrugada, a paz» –y las pistolas– «sentir la sensación de tener un arma en la mano, te hace sentir acompañada», pero su gran pasión por encima de todo siempre fue cantar. «Cantar es oficiar un sacrificio. No hay amores, no hay nada. Dicen de mí que detrás de cada canción hay un rostro al que amé: no es verdad. Lo importante está en otro lado, en ese celebrar un rito sagrado en el escenario. Entonces no hay madre, ni padre, ni amores, ni familia. Estás tú, sola con tus dioses». Tiene una fe inquebrantable en los chamanes, que asegura le purificaron el alma. Por eso, no le teme a la muerte: «A mí me han preparado los chamanes para que ese momento sea de gran libertad. Yo no voy a morir, sólo voy a dar un paso, ustedes no me van a ver, pero me van a sentir».
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