Stella Texeira hay una sola
Jorge Arias
Matilde, que ha encontrado amor y compañía en Eugenia (Rebecca Franco) busca a su hija y la llama para el reencuentro, impulsada por una mezcla de curiosidad y capricho. La obra muestra el insensato choque frontal entre madre e hija, que ha de suceder, nunca sabremos por qué, en presencia de Eugenia, la amante de la madre. Luego de varias idas y venidas, las contendientes se miran a los ojos, la hija dice «Mamá» y se apagan las luces. Esta fantasía de la conducta que ha tentado a Gambaro no logra sostenerse ni desarrollarse. Luego que el espectador acepta la situación –siempre hay esos diez minutos de suspensión de la incredulidad– nada es normal, ni verosímil, ni lógico. Estamos dispuestos a creernos la ausencia de cuarenta años, la extemporánea curiosidad por la vida de la hija. Pero se nos endilga sin más una conversión de Matilde de la heterosexualidad a la homosexualidad de la que no se nos ofrece ni un comienzo de explicación, un ir y venir de las agonistas para mortificarse mejor mientras Eugenia, impávida como un árbitro, ofrece insistentemente varias tazas de té. Seguramente es lo menos, pero tampoco encontramos explicación para el feo título, tan a contrapelo de la gramática como de lo que la pieza va a mostrar. Esta tambaleante idea podía redimirse, hasta cierto punto, por una brillante escritura, pero poco sobrevive en este naufragio. El diálogo es un modelo de chatura y falta de inventiva que abunda en frases como «No tenemos nada que decirnos» o «La niña que fui no te perdona», que podemos encontrar en un ómnibus o, mejor aún, en cualquier teleteatro. La puesta en escena (Juan Carlos Moretti) emplea el socorrido recurso escénico de los tiempos muertos –largas caminatas en silencio y sin mirarse de madre e hija– que amplifica una ya ruidosa incomunicación.
El cuidadoso trabajo que pone en su actuación Stella Texeira (la madre), una actriz cuyos aciertos han sido constantes a través de los años, sólo logra realzar, con la exhibición de sus malgastadas cualidades, la absoluta inanidad de la pieza.
De Profesion Maternal, de Griselda Gambaro, por El Galpón, con Stella Texeira, Rebecca Franco y Solange Tenreiro. Vestuario de Soledad Capurro, ambientación, iluminación y dirección de Juan Carlos Moretti. En la Sala Cero.
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