Escrito por: SOLEDAD BAUZA

Mónica Navarro y Maia Castro tienen bastante más en común que la Zitarrosa, sala donde se presentarán en las próximas semanas; un pianista tan requerido como prestigioso, Horacio di Yorio, el guitarrista Eduardo Mauris, también arreglador y colaborador artístico, el ingeniero de sonidos con el que trabajaron, Daniel Báez, el estudio y el sello (Bizarro) que las editó. Ambas intérpretes se encuentran en el apogeo de carreras solistas incipientes pese a los años de trabajo, decenas de actuaciones en vivo, hay un camino que empieza ahora respaldadas por flamantes álbumes tan personales como espléndidos.
Se acercan las presentaciones oficiales de los discos, que son un momento expectante en la vida de un intérprete y compositor, así como de su público. El momento de editar un álbum es como dar luz a un un hijo de las entrañas de la creación. Vida que clama, puja y pugna por perpetuarse y darse a conocer.
El 31 de agosto a las 21 horas Maia Castro presenta ‘Tango y más…’ en la Sala Zitarrosa (18 de Julio 1012). El 14 de setiembre hace lo propio y a la misma hora con ‘Paquetito de Tangos’ Mónica Navarro, quien lo grabó en vivo durante la presentación el año pasado. A continuación, un repaso por los peldaños que han subido estas dos uruguayas con talento, carisma y algo propio para decir y bailar en dos por cuatro.
Maia Castro tiene 27 años y es de las artistas que crecen sobre un escenario. Su figura de niña impacta cuando se la confronta de pie por primera vez, tras haber escuchado su enorme voz. Esa dama pequeñita porta la guitarra a sus espaldas a la salida de un ensayo, y la imagen sorprende por el contraste de proporciones.
Maia se aproximó a la música desde pequeña, y la influyen y seducen varios autores latinoamericanos: de Alfredo Zitarrosa a Eduardo Mateo o Gustavo ‘Príncipe’ Pena. Estudió en la Escuela Universitaria de Música (EUM), y actualmente está terminando la carrera de antropología. Desde los 15 años participa en carnaval, y ha salido muchas veces. Ha sido parte por años de la Antimurga BCG, y en 1996 fue nominada a mejor voz del carnaval. También toca el tambor en La Melaza. Otros proyectos que integró Maia fueron Todo por el Blues, de Radio X FM, las bandas de rock Malena Morgan (junto a Herman Klang y ‘Príncipe’ Pena,) y Plaza Sésamo/Antena, que mezcla candombe, murga y roncanrol. Como diría Maia: “todo un tratado de identidad uruguaya”.
“En un lugar del sol hay un gurí/
que tiene un gran anillo con un gran diamante.
Juega tranquilo allí, tá todo bien/
por más que existan tipos que no quieren a nadie.
Y haya peligros en el cielo, y hagan paquetes con el arte
Beibi yo te quiero”
(‘Beibi’, de Gustavo ‘El príncipe’ Pena)
Hace dos años Maia comenzó a recorrer un camino solista. En formato guitarra y voz, acompañada a veces por Eduardo Mauris y otras por Mauro Carrero, presentó los espectáculos ‘Tango y más’ y ‘Del tango al blues’ con mucho éxito. Con el apoyo del Fonam, logró editar algunas de esas canciones en este primer disco solista.
El año pasado obtuvo un Iris de bronce de la revista Sábado Show en reconocimiento a su labor artística. Este invierno, eligió el 7 de junio, el mismo día que llegó su disco a las disquerías, para presentar sus canciones en una velada casi íntima en el Espacio Guambia.
Recorrer ‘Tango y más’ supone encontrarse clásicos como ‘Beibi’ de Eduardo Mateo; una versión con bandonéon y chelo de la optimista ‘Balada de Astor Piazzolla’ de Fernando Cabrera, y la que más resalta en el disco: una versión milonga del clásico ‘La Bestia Pop’ de Los Redondos de Ricota con arreglo para seis guitarras y un guitarrón.
“Mi héroe es la gran bestia pop/
Que enciende en sueños la vigilia/
Y antes que cuente diez, dormirá/
A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor/.
Mi amigo está groogie, sin destilar, pero yo sé/
Que hay caballos que se mueren potros, sin galopar/
A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor/
A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor”.
(‘ La bestia pop, Indio Solari y Skay Beilinson).
Del rock al tango
Mónica Navarro nació en Buenos Aires, hace 39 años. Muchos la conocen como ‘la cantante de la Tabaré’, pues su voz acompañó en los últimos años a la popular banda de rock. La Tabaré Riverock Banda nunca se caracterizó por darle demasiado espacio a figuras femeninas más allá del coro u ocasional protagónico excepcional en algún tema. Como otros músicos y músicas que pasaron por la banda, sean Andrea Davidovics o Alejandra Wolf, la Navarro aportó garra, carisma y sensualidad, pero siempre se vio opacada por la contundencia protagónica del fundador y líder absoluto del proyecto, Tabaré Rivero.
Navarro integró varios grupos de folclore como Las voces del amanecer. Participó del festival Melo Capital del Folclore, recibió premios, y educó su voz con la maestra Marcela Viqueyra, del Instituto Gregoriano. Le dedicó unos años al folclore antes de cambiar una vez más de rumbo. Antes de dedicarse al teatro.
Pronto se insertó profesionalmente. Con la famosa pieza ‘La lección de Anatomía’ un raro hit teatral de taquilla, conjugado en una pieza que hizo historia y causó escándalo por el tenor de su erótica y arriesgada puesta en escena, vino por primera vez a Montevideo, y se involucró con la movida artística local.
Sencillamente Mónica Navarro se deslumbró con la ciudad y la adoptó. En Montevideo se vinculó a Alberto Restuccia y Luis Cerminara del Teatro Uno. También cursó la escuela Alambique y talleres de clown varios con Danielle Finzi Pasca, quien por aquella época visitara Uruguay para hacer inolvidables versiones de Ícaro A fines de 1997 se unió a La Tabaré, y fue su voz femenina por diez años. Era nuevamente tiempo de cantar.
Y de cantar tango. En 2000 Navarro se presentó a un concurso y ganó una mención especial a la Mejor voz: se trataba del concurso de tango Amarcord 2000. Fue como una señal. La acompañó entonces Silvio Ortega, una de las últimas guitarras del Cuarteto Zitarrosa. Paralela a sus actuaciones de rock, empezó su carrera tanguera. Así, sorprendió con un set de canciones elegido según su gusto y corazón, que también coqueteaba con su vieja pasión; el rock and roll.
Quien se dispone a disfrutar de su disco debut como un paseo por el arrabal ortodoxo, de pronto puede toparse con una versión de ‘Mañana en el Abasto’ de Sumo que sigue a ‘El corazón al sur’ de Eladia Blázquez.
“La geografía de mi barrio llevo en mí/
será por eso que del todo no me fui/
la esquina, el almacén, el piberío/
los reconozco… son algo mío…/
Ahora sé que la distancia no es real/
y me descubro en ese punto cardinal/
volviendo a la niñez desde la luz/
teniendo siempre el corazón mirando al Sur…”
(‘El corazón al sur’, Eladia Blázquez).
Ambas canciones estremecen por la apropiación de la intérprete de su lírica, de su historia. La primera, por la verdad de las palabras del clásico de Blázquez y la verdad que le pone Navarro al interpretar esos versos hablando de su familia, de su pasado y de su suelo. La segunda, por la ternura de ese abrazo al barrio y a la porteñez que dio un poeta como Luca Prod
an. Europeo y parte al fin de toda esa ‘tanez’ y ese folclore arrabalero a la que cantó Gardel, desde el tango, y Sumo, desde el rock.
“Mañana de sol, bajo por el ascensor/,
calle con árboles, chica pasa con temor/.
No tengas miedo, no, me pelé por mi trabajo/,
las lentes son para el sol y para la gente que me da asco.
No vayas a la escuela por que San Martín te espera,
estás todo el día sola y mirás mi campera”.
Tomates podridos por las calles del Abasto,
podridos por el sol que quiebra las calles del Abasto.
Hombre sentado ahí, con su botella de Resero,
los bares tristes y vacíos ya, por la clausura del Abasto.
(‘Mañana en el Abasto’, Sumo).
Navarro también interviene a Fito Páez, con una versión melancólica, feroz y orquestadamente tanguera de la de por sí melancólicamente arrabalera ‘Carabelas de la nada’ de Fito Páez. Es contundente su atrevimiento al secundar a Liliana Felipe con su ‘Volver, la parodia’ con letra traducida a tintes feministas. Y reafirma esa polenta reivindicativa en ‘como Madame Bovary’, toda una declaración de principios con los que también secunda a Felipe.
Con pocos días de diferencia, habrá oportunidad de escuchar a estas neoarrabaleras del siglo XXI. Mónica Navarro y Maia Castro son dos tangueras exquisitas, dos arrabaleras desde la femineidad, dos artistas con raíces firmes y una lírica y repertorio típicamente rioplatenses. Son dos intérpretes carismáticas a esa manera hispanoamericana o latina de nuestras Chavelas o Amelita Baltar.
Son dos mujeres con coraje, puesto que han logrado sacar adelante carreras personales y una postura expresiva propia, contando con los mejores valores musicales, a partir de rescates íntimos que desde sus sensibles arbitrios y las estéticas que las conmueven, han elegido cantar. Se ‘meten’ con Gardel y con Luca Prodan. Se meten con el rock y el pop, y lo llevan a la milonga. Se meten con el folclore, y dan a luz una mixtura femenina y auténtica de lo urbano con lo rural. Ellas, en definitiva, se ‘atreven a’. Y les sale más que bien. Son dos señoras o señoritas, diría Cabrera en su canción, cantantes. A la Castro y a la Navarro como dice Mateo en ‘Beibi’, hay que gozarlas hoy, que están. *
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