LOS MEJOR DE NUESTRAS VIDAS: UNA COMEDIA AGRIDULCE QUE REFLEXIONA SOBRE LOS TRIUNFOS Y LAS DERROTAS

Los claros y oscuros de la convivencia humana

Ese discurrir existencial comporta todo un desafío que se nutre recurrentemente del conocimiento empírico, pero también de los afectos y las pasiones alimentadas al calor de las más entrañables quimeras.

En todos los casos, el tiempo es el árbitro de ese itinerario casi siempre complejo y azaroso, que se alimenta particularmente de la causalidad como una suerte de mandato determinista.

Más allá de lo inexorable de la temporalidad, el ser humano es, sin dudas, el gran arquitecto de su destino y de las diversas circunstancias de su historia personal y colectiva.

Al margen de la mera producción artística, el cine ha sido siempre un testigo privilegiado de la comedia humana en sus múltiples y más variadas expresiones.

En un tiempo en el cual el poder de la industria marca las pautas en materia de consumo mediante cuantiosos presupuestos y recursos meramente efectistas, la cinematografía europea sigue conservando su singular impronta de buen gusto y sensibilidad.

Aunque el mercado está virtualmente anegado de producciones vacías de contenido que subyugan al espectador mediante los cada vez más prodigiosos artilugios de la tecnología, la buena puntería de algunos distribuidores aún posibilita el arribo de títulos de considerable calidad.

Este es el caso de » Lo mejor de nuestras vidas», el filme francés de la realizadora Daniele Thompson, que es un entrañable y conmovedor retrato de la condición humana.

A diferencia de algunas películas meramente gastronómicas que soslayan todo eventual ángulo reflexivo, esta comedia agridulce tiene la indudable virtud de ingresar, sin subterfugios, en los territorios de la cotidianidad.

Desestimando eventuales sentimentalismos baratos tan habituales en este género, Lo mejor de nuestras vidas es una suerte de cuadro costumbrista que explora la intimidad de un grupo de seres humanos expuestos a la intemperie del destino.

Narrando múltiples historias paralelas protagonizadas por una docena de personajes vinculados circunstancialmente entre sí, Daniele Thompson construye un variopinto paisaje humano.

La peripecia de esa provinciana que emigra a París y se emplea como camarera en un bar habitualmente muy concurrido, permite visualizar una escenografía bastante más compleja.

Ese aparentemente insignificante espacio gastronómico es realmente un universo con identidad propia, al cual concurren habitualmente artistas, intelectuales o personas de alto poder adquisitivo.

Con el pretexto de beber o comer algo, en esas mesas se «cocinan» cotidianamente encuentros y desencuentros, negocios, conflictos, amores y desamores.

Una actriz de televisión que interpreta livianas piezas teatrales, un célebre concertista de piano hastiado de tanto protocolo, una esposa que lo ha sacrificado todo por la carrera de su marido, un millonario comerciante dispuesto a rematar todos sus bienes y un joven afectivamente desencantado, son algunos de los personajes de ese fascinante microcosmos.

Exhibiendo una particular sensibilidad para hurgar en la psicología humana, la realizadora construye la atribulada intimidad de sus personajes de ficción.

De algún modo, cada uno de ellos asume la emergencia de procesar una radical reformulación existencial, desde la joven provinciana que busca obsesivamente la felicidad hasta la popular actriz que sueña con llegar al cine, pasando, naturalmente, por ese pianista que ansía tocar gratuitamente en hospitales y el anciano acaudalado que se propone subastar todos sus bienes.

Desestimando eventuales efectismos o golpes bajos, Daniele Thompson administra sabiamente las emociones de los protagonistas, en una comedia que mixtura lo jocoso con lo desencantado.

Resulta ciertamente muy disfrutable la proliferación de diálogos tan ingeniosos como desenfadados, condensados en un libreto inteligente y no exento de un cierto vuelo reflexivo.

Más allá de eventuales particularidades, todos los personajes resultan ciertamente muy verosímiles, porque ­como nosotros- actúan bajo el impulso de sus emociones.

Lo que otorga aún mayor autenticidad a la historia es la soberbia estatura interpretativa de todo el reparto actoral, con un particular destaque para Cécile de France, Valérie Lemercier y Claude Brasseur.

Más allá de su frescura y espontaneidad, Lo mejor de nuestras vidas es una comedia más agria que dulce, porque reproduce y amplifica, con singular realismo, los conflictos más habituales de la convivencia.

El filme convoca a reflexionar en torno al amor, el desamor, la soledad, la frustración, los triunfos y las derrotas cotidianas, los sueños de grandeza y el siempre alto precio de la fama. *

LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS (Fauteuills D`Orchestre). Origen: Francia 2006. Duración: 115 minutos. Dirección: Daniele Thompson. Reparto: Céline de France, Valérie Lemercier, Albert Dupontel, Laura Morande y Claude Brasseur.

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