NEURONAS Y NEUROSIS

Televidentes de segunda clase

En la noche del miércoles 8 nos mostraron la lastimosa consideración que merecemos como televidentes locales. Eso, por lo menos, nos dejó bien en claro Teledoce.

La triste guerra por quién es más ordinario y logra mayor teleaudiencia en Argentina, es decir si Canal 13 con su «Showmatch» o canal 11, Telefé, con «Gran hermano», rebotó en nuestro país y los programas del 12 en la noche desaparecieron. El periodístico que se supone es el fuerte de Teledoce, «Código País», con Aldo Silva, y «Cámara Testigo», que también está bien armado, se esfumaron para darle su tiempo y lugar a otra pesadillesca muestra del «baile del caño», que como único objetivo tenía quitarle rating a Jorge Rial en el Once, ya que se inventó un programa especial de repechaje para que otras doce parejas bobearan en supuestas danzas muy anunciadas como eróticas pero que en casi todos los casos no pasaron de mostrarnos que, alguna vez por lo menos, debe tenerse en cuenta que los años han pasado y que ya se está muy vieja para esas veleidades de vedette.

Habrá que inyectarse alguna dosis reforzada de «porteñismo» para soportar esos disfraces de las parejas y luego para aguantar la tontería de esa cincuentona Silvia Suller, la ex de Silvio Soldán, con quien anduvo a las trompadas y que, además, en un sincero reconocimiento de su nadería sostuvo en un programa radial de Jorge Guinsburg que era prostituta y cobraba $ 3.000 por hora. Vamos, che. Con esa pinta espantosa hay que estar muy mal y drogado para comprar esas gorduras. Pero en el programa comentado pareció sentirse feliz de la vida y Marcelo, que no es bobo, la mostró besando a dos de los jurados, Jorge Lafauci y Gerardo Sofovich, a los que antes, meses atrás, en sus escándalos gratuitos había calificado, al primero de «homosexual» y al segundo de «amargado». Ella, con esa pureza y su rico caudal de vocabulario sólo sabía gritar y aullar sonoras carcajadas para luego seguir recorriendo el estudio y llegar a donde trabajan los técnicos y siguió besando, es un decir, a cuanto bicho se le cruzara. Uno la miraba y sólo podía pensar «está fuera de sí»; algún otro sería más cruel y afirmaría «¿cuánto cobrará?»; otro diría «parece algo fuera de sus cabales».

Seguro que ustedes están cansados de leer estas neuróticas apreciaciones pero creemos que ante la disyuntiva de mantener el rico patrimonio de nuestros televidentes al vil precio de la necesidad se debería haber tomado el camino de ubicar el programa, si hay una razón contractual, con posterioridad a los creados aquí. Cabe suponer que los conductores de » Cámara Testigo» y «Código País» deben estar embroncados. Y con razón.

Vale precisar que por soportar otra vez a Tinelli nos perdimos al nuevo «Gran Hermano», que parece que es el número 5, pero que es el tercero en el año, o sea que en 2007 Telefé no parece tener otra herramienta que insistir hasta el hartazgo con esa casa y ese encierro donde el ninguneo es lo que vale.

Ya es viejo, pero ¿qué le pareció que ese rapiñero y asaltante de Diego ­no estamos en contra de la rehabilitación de los delincuentes, aclaramos por las dudas­, echado en el anterior «Gran Hermano», pese a que todos afirmaban que era seguro ganador, apareciese en «Gran Hermanos Famosos», ¿famosos los otros y él, en que? y que, además, fuera el ganador en esta segunda oportunidad que le daban, confirmando las viejas sospechas. Para los inconformistas de siempre todo parece una burla a los televidentes.

Quizás habría que tomar unas estrofas del manido pero siempre útil «Cambalache» donde Enrique Santos Discépolo sostenía: «Todo es igual. Nada es mejor.// Lo mismo un burro // que un gran profesor.// No hay aplazaos// ni escalafón //los inmorales nos han igualao.// Si uno vive en la impostura// y otro roba en su ambición// da lo mismo que sea cura// colchonero, rey de bastos//caradura o polizón».

Dejemos por unas semanas estos cambalaches. Queremos dar una vuelta a la publicidad y reivindicar a alguien. No sabemos a quién. Pero días atrás salió uno de esos tongos de jugar con los celulares y se decía que se llamase al 2222 con la palabra auto y así se ganaba, bastaba eso, «porque usted lo elijió» (así con jota) y en este mismo miércoles pasado lo volvimos a ver corregido, o sea «eligió». Bien vale cerrar con un suspiro de alivio ante una burrada que a alguien le llamó la atención.

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