La nueva musa que dio a luz París
Tras la canción de apertura del filme «Ratatouille» hay una musa francesa que forja su personal camino escénico y vocal.
Una voz dulce y aniñada desgrana «Le festin» como canción de apertura de «Ratatouille», la última exitosa producción de Pixar, que en seis semanas y exhibida en seis salas ha sido vista por más de 100 mil uruguayos. Esa canción resume en tres minutos el periplo de Remy, una rata con aspiraciones de chef que llega a un restaurant top de la Ciudad Luz. No podía elegir mejor el compositor Michael Giacchino, autor de otros soundtracks como el de las series «Lost», «Alias», y de films como «Misión Imposible III», del cual es responsable de los 24 tracks de la excelente banda sonora. La de «Ratatouille» es una recorrida por la música popular francesa e inolvidables mojones del cine universal, con cuerdas y metales orquestados al estilo del jazz norteamericano de los 50, con el aditamento de un característico y muy galo acordeón.
No casualmente llegó la voz de Camille a esta película que seguramente dispute algún Oscar en la próxima edición de los premios, sobre todo por su música original. Esta parisina de 26 años estudió arte y ciencias políticas, se define como «bailarina cada vez que puede» y «pianista diletante». Canta tanto en francés como en inglés y particularmente escribir versos en su idioma natal le parece un desafío. Ya ha presentado con éxito dos discos solistas: «Le fil» (2005) y «Le sac des filles» (Source-Virgin, 2006), un título que juega con el misterioso contenido de las carteras femeninas. «Es muy ecléctico» ha dicho de éste último la autora, «combina mi amor por el cine y la literatura y mi gusto por las canciones francesas clásicas de los 30 y 40, con el folk norteamericano y la bossa nova de Brasil».
Cuando en 2004 la convocó Nouvelle Vague, era una chiquilina. Nunca había escuchado las versiones originales de hits del pop, el punk y el new wave que los abanderados de aquel proyecto, los músicos Marc Collin y Olivier Libaux, se proponían recrear desde una sensibilidad posmoderna, virginal, inocente y muy sensual. Nouvelle Vague devino banda francesa de exportación y de culto como Air, caballito de batalla de Sofía Coppola, y otras muestras del pop electrónico galo para paladares exquisitos, y eso la catapultó. Con canciones como «We’re only making plans for Nigel», «Too drunk to fuck» o «In a manner of speaking», Camille se convirtió en una de las vocalistas más destacadas de las muchas y muy buenas todas aterciopeladas, a cual más sexy y conmovedora que han colaborado con Nouvelle Vague.
Le gusta pintarse de un modo especial para subirse al escenario y su rostro puede ser lienzo para una ristra de flores japonesas al estilo art nouveau. También le gusta emitir sonidos guturales, cantar a capella y hacer cosas curiosas como componer todas las canciones de un disco en la nota si. Con su último álbum solista, Camille se propuso mantener un hilo conductor. Por eso escribió todas las canciones en la misma nota. Ha dicho: como un malabarista sobre una cuerda. Y deslumbró. En marzo de este año, durante las Victoires de la Musique, ganó uno de los premios más importantes de Francia: el de revelación del año por el disco «Le fil» (2006), que se convirtió en su país en álbum de platino, y revelación del año en vivo. Antes, se alzó con el Premio Constantin, que recompensa a las revelaciones musicales del año. La canción «1,2,3» de su disco «Le sac des filles» estuvo en la campaña mundial de los perfumes Cacharel. La chica no para de girar, y su apretada agenda la trajo muy cerca este año: estuvo en abril cantando en la Trastienda, en Buenos Aires. Hay quien dice que es lo más audaz que se ha escuchado y visto desde Laurie Anderson en los años 80. Podría agregarse: y Björk en los 90. Es Camille, el nuevo festín vocal de exportación de Francia, menos diva de Hollywood que musa contemporánea universal. *
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