Un filme árabe-israelí, en tono de comedia dramática, sobre los absurdos de la guerra
Que el filme sea una producción dirigida por un israelí dotado de un reconocible espíritu autocrítico (casi un rasgo nacional), con guión de una periodista palestina y atención a una tercera etnia atrapada en medio de un conflicto perdurable, hace parte del interés de la película. Otra es una calidad cinematográfica reconocida a través de varios premios.
La trama de la película cuenta que para Mona, una joven drusa que vive en los Altos del Golán (territorio ocupado por las Fuerzas de Defensa de Israel), el día de su boda es el más triste de su vida. Una vez que cruce la frontera entre Israel y Siria para casarse con una estrella de la televisión del otro lado, Tallel, no podrá volver jamás con su familia en Majdal Shams, su poblado druso.
La historia de Mona es una de fronteras físicas, mentales y emocionales y el deseo por cruzarlas. La historia de una familia separada por diferencias de tradición, políticas y prejuicios.
En el Medio Oriente, una vez que se cruza una frontera casi nunca hay forma de regresar. Y tras un largo día, la novia, su familia, el gobierno y los oficiales militares reunidos a ambos lados de la frontera encaran un futuro incierto: están atrapados en la tierra de nadie.
El filme debe ser descrito como la crónica de un conflicto mayor a través de una historia «menor». El pueblo druso carece de nacionalidad propia a causa del litigio y su documento de identidad reza «nacionalidad indefinida». Los habitantes de esa zona se encuentran divididos entre quienes se oponen a la ocupación israelí y siguen ligados a Siria y quienes prefieren adaptarse a una situación que no parece tener solución a corto plazo. Ambos bandos saben, empero, que si cruzan la frontera no podrán volver.
Este mundo fracturado por los absurdos de la política y la guerra es lo que refleja esta producción árabe-israelí que apela a una estructura de comedia dramática y costumbrista para tratar algunos temas serios. La boda sirve de pretexto para reunir a una variada fauna de personajes. El patriarca del clan es un rebelde combativo que está siendo observado por la Policía israelí. Uno de sus hijos lleva adelante difusos «negocios» en Italia; el otro ha violado los mandatos del clan al unirse a una extraña, vive en Rusia y es considerado un paria, mientras que la hija mayor, verdadera protagonista del drama, es una rebelde que no acata las tradiciones y lucha por los derechos de la mujer en una sociedad represiva.
El filme y sus desencuentros
Confirmando que el problema de Oriente Medio no es un asunto de los buenos contra los malos, el guión fue escrito por el director israelí Eran Riklis y la periodista y documentalista palestina Suha Arraf con un evidente fin didáctico y de «bajar línea» sobre una realidad política y social dolorosa. No es por cierto casual que el director Riklis ya haya dedicado un documental, «Fronteras» (Vegvul Natan, 1999), realizado en colaboración con Nurit Kedar, a un tema muy cercano a éste: de ese documental que fue restringido en Israel y salió al exterior por Londres, nace de hecho esta ficción.
La película se inscribe en una corriente autocrítica del cine israelí de cara a los árabes que viven en su territorio (dos millones, sobre un total de siete millones de habitantes), línea en la que también se ubican algún film de ficción como «Close To home» o «Caminando sobre el agua», o los documentales «El muro», «Cinco días», «Zero degrees of separation», «Ruta 181″ o la obra de Eyal Sivan. No se puede pretender que una comedia (melo)dramática dé cuenta de todos los aspectos de su tema. Pero el director Riklis y su equipo salen del paso con más que respetable dignidad, escapando a los estereotipos del género con acertadas pinceladas de humor y algún toque de emoción. Premio del público y mejor libreto en Flandes, premio del público en Locarno, premio Fipresci, Grand Prix des Ameriques, People’s Choice y premio Ecuménico en Montreal. *
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