ENTREVISTA: AMILCAR LEIS (ESCRITOR URUMERX EN BUSCA DE SU IDENTIDAD)

"La identidad es el lenguaje que uno sueña y con el que uno hace el amor"

"Siempre queda la idea de volver. Es esa ilusión, pero al mismo tiempo, como dice Beatriz Stolovich, somos "urumex". Es para el resto de la vida, porque yo tengo hijos, hermanos en México. Creo que vamos a ser "urugumex" para el resto de la vida", se confiesa el minuano Amílcar Leis, alguien que vive con una pata en México y otra en Uruguay y que fuera colaborador de LA REPUBLICA.

Escrito por: RAUL LEGNANI

Jueves 02 de agosto de 2007 | 6:17
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Amílcar Leis, en la permanente búsqueda de su identidad: siempre escribiendo con sus ventanas del silencio.

­En una de sus creaciones Alfredo Zitarrosa dice que colgó los cuadros, en una clara demostración de que aceptaba la realidad que era el exilio. En ese momento estaba en España, donde se había encontrado con su familia. Tengo la impresión de que vos los cuadros no los colgaste…

­No, nos lo colgué. Este es el tema difícil, es el tema de la identidad. El hecho de vivir tantos años fuera del país, el hecho de ser un emigrante profesional… No, no colgué los cuadros. Tampoco Alfredo, que después de Madrid se fue a México.

 

­Se fue cantando Adiós Madrid…

­Sí, sí, es cierto. Siempre queda la idea de volver. Es esa ilusión, pero al mismo tiempo, como dice Beatriz Stolovich, somos “Urumex”. Es para el resto de la vida, porque yo tengo hijos, hermanos en México. Creo que vamos a ser “urugumex” para el resto de la vida.

 

­¿Qué es ser “urumex”?

­Eso es complejo. Esto no lo vamos a resolver en esta entrevista. No sé lo que es la identidad. Si me apurás es geográfica, es biológica, pero también es simbólica.

No me refiero a los símbolos que son la patria, que son importantes, y la bandera y el himno. En mi caso la patria es la infancia y el leguaje.

Eso me hace tener raíces muy fuertes en el Uruguay, Minas y Montevideo, pero también en México. Me siento profundamente latinoamericano.

 

­Esa mezcla que conforma el “urumex” es bastante compleja, porque el ingrediente “uru” es bastante depresiva y el “mex” es bastante alegre. No me digas que una cantina de México es igual a un bar del Uruguay.

­No, no son iguales para nada. Uruguay tiene la impronta gris, tristona, tanguera. Quizás el mexicano es más alegre, pero comparto con Octavio Paz que el mexicano es un tipo triste. Paz lo dice en el Laberinto de la Soledad: el mexicano es estruendoso en las fiestas, pero en el fondo es un tipo triste que no ha encontrado su propia identidad.

La identidad es un tema complejo. ¿De dónde es el uruguayo? Carlos Fuentes dice que descendemos de los barcos. Este tema es complejo en Uruguay pero también es en México, donde hay graves problemas de racismo. No hay en México una sociedad plenamente integrada. Si escuchás a José Alfredo Jiménez, no hay ninguna diferencia con el tango. Esto lo decía Borges.

 

­Cuando estás acá ¿qué recuerdos tenés de México?

­México es un país más enérgico que Uruguay, claro que con unas asimetrías brutales del punto de visto social. Con un gran movimiento cultural. En México sigue llegando todo y además hay producción propia. Ahora mismo hay la exposición más grande que se ha hecho sobre Frida Kalho.

 

­¿Televisa pesa en la sociedad mexicana? ¿Ha cooptado intelectuales mexicanos o les ha abierto puertas?

­Creo que ha cooptado intelectuales. Porque los discursos de los intelectuales cambian cuando se aproximan a Televisa. Es que México hoy está condicionado por los monopolios de los teléfonos, por la televisión.

 

­Vuelvo atrás. Cuando estás en México ¿qué recordás de Uruguay?

­Recuerdo Minas, mi ciudad natal. Siempre que vengo me doy una vuela por ahí. Desde México estoy escribiendo para “Primera Página”, de Raúl Bernengo. He escrito cosas muy íntimas, que solo tienen valor para ese periódico.

Recuerdo Montevideo, donde voy perdiendo referencias muy claras como son los amigos que se fueron. Marcharon el flacto Zitarrosa, Papico Cibils, el Colorado Echave, Juceca…

 

­¿Te acordás cuando íbamos al Periplo los sábados de mañana?

­Claro que sí.

­Vos hacías calentar al Colorado (Luis Echave) porque le decías que no eras ateo, pero sí agnóstico y yo hacía calentar a Juceca porque criticaba a Fidel Castro…

­Me acuerdo claramente. Era los sábados de mañana. El Colorado sostenía que era ateo y yo le exigía que él tenía que demostrar que Dios no existe. En cambio el Colorado me decía que era yo el que tenía que demostrar la existencias de Dios. A la vez vos hacías entrar a Juceca con Cuba. Eran buenas tertulias, donde jodíamos y pensábamos. Y tomábamos alguna ¿no? (se ríe).

 

­¿Cómo te llevás con José Saramago?

­Muy bien, me encanta Saramago. Lo he leído con cuidado y me gusta mucho.

 

­¿Quién influye hoy más en México del punto de vista cultura?

­Culturalmente México está un poco atomizado. Hoy hay la enorme influencia de Televisa y TV Azteca. Estamos en la aldea global. Es una influencia muy perversa y desgraciada, pero ocurre.

Pero el cine en México ha tenido y tiene una centralidad importante. Los nuevos directores están trabajando fuera de México, pero están haciendo cine mexicano.

En México la centralidad cultural, en su momento, fueron los pintores: Diego (Rivera), Siqueiros, Frida y otros. Las artes visuales se han desarrollado y la centralidad la vuelve a tener el cine. Hay muchos jóvenes haciendo cine, con pocos recursos.

 

­¿Qué país influye culturalmente hoy en México?

­El TLC con Estados Unidos dio a México media vuelta, salvo voces muy críticas, hacia los rubios del norte. Esto ha favorecido, para bien o para mal, con las universidades de EEUU.

Ahora hay intelectuales que están reclamando una vuelta hacia América Latina, con la intención de mirar al sur, tomando en cuenta Centroamérica. Vamos a ver qué ocurre.

 

­Empezamos hablando de la identidad y tu novela “La venta del silencio” que se refiere a Uruguay y que se publicó y se premió en México. Fue el Premio Juan Rulfo a la primera novela de un escritor, en 1983, que se publicó un año después.

­Espero publicarla en Uruguay. Yo sigo escribiendo sobre la realidad uruguaya. Mirá, como dijo Carlos Fuentes alguna vez, la identidad es el lenguaje que uno sueña y es el lenguaje con el que uno hace el amor.

 

­¿En la novela hay personajes auténticos?

­Sí, algunos sí. En realidad son referenciales. El médico es Godofredo Fernández, que era el médico de la familia. Era el secretario del Partido Comunista en Minas, un tipo con una gran obra social.

 

­¿El muchacho de la bicicleta lo inventaste o existe?

­No, está inventado. Lo que es verdad es la barra de la farmacia que se juntaba en la trastienda de la Farmacia Zabalza, donde iba el senador Zabalza, mi viejo, Raúl Bernengo, una serie de gente. Después de las 12 se reunían a tomar mate y alguna copa. Todos los días. Toda gente con ganas de pensar y de tomar.

Hay otro personaje, que es el que escribe las pintadas, que lo saqué de un cuento de mi padre. El viejo contaba que en Minas había un tipo que repartía las cartas y que era analfabeto. Por eso en el correo le ordenaban las cartas y si alguna se le desordenaba, se armaba un gran quilombo (se ríe). Ese aparentemente analfabeto, del que nadie podía sospechar, hacía las pintadas contra la dictadura. *

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