
JORGE ARIAS
Hay riqueza de ideas, algunas lógicas y compartibles, otras inquietantes, ninguna vulgar ni repetida, verba torrencial pero no sobreabundante ni cargosa, sino viva y estimulante. Abunda la inventiva, que no se busca expresamente pero que resulta la inevitable floración de una simiente auténtica. Con el claro y logrado propósito de entretener, Morillo, con buen modo y, sin subirse a ningún púlpito, dice unas cuantas verdades y sugiere, sin estridencias ni arrogancia, otras. Hemos verificado en “I love Clint Eastwood” que ninguna de sus ocurrencias y rasgos de humor es conocida. Hace reír, pero limpiamente, sin recurrir al chiste; lo hace a partir de situaciones e ideas; y es sumamente eficaz en poner en ridículo las muchas pequeñeces humanas, en las que solemos reconocernos. El tono de la comedia es amable e inteligente; aunque Morillo tiene una visión muy crítica de la sociedad contemporánea y su producto humano, pero es benévolo, si no piadoso; aunque no nos perdona, simpatiza con nuestras debilidades y errores.
Goldstein, como en “Hamlet García”, como en “Cara de fuego” nos ha brindado la obra con la potencia, energía y sentido del ritmo que hace llegar el teatro a las plateas. Su estilo, no precisamente audaz, pero incisivo y cálido, es toda una saludable sorpresa en nuestros escenarios, un tanto asténicos, tal vez demasiado bien educados y bien pensantes. En este aspecto, “I love Clint Eastwod”, como “Las troyanas” (dirección Marisa Bentancur), como “Telarañas” (dirección Carlos Aguilera), como “La embajada” marca un ascenso en la temperatura del teatro actual, y un consiguiente ascenso en la necesaria comunicación con la platea. Hay un espacio escénico adecuado de Hugo Millán, muy bien iluminado por Andrés González; pero la palabra y la acción son protagónicas.
Los dos intérpretes dieron a la perfección el caudaloso texto. De Tabaré Rivero esperábamos una buena actuación; pero nos sorprendió muy gratamente el joven Leandro Núñez, cuya soltura en escena, sus medidos recursos mímicos y su perfecta voz nos anuncia un gran actor, muy próximo si no está ya entre nosotros. *
I LOVE CLINT EASTWOOD, de Miguel Morillo, con Tabaré Rivero y Leandro Núñez. Espacio escénico y vestuario de Hugo Millán, música original y arreglos de Fernando Ulivi, luces de Andrés González, dirección de Alfredo Goldstein. En Teatro del Centro Carlos Eugenio Scheck.
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