El rabo de Satán
Como otros tantos relevantes autores tacuaremboenses, William Soboredo ha sabido construir un sólido prestigio y reconocimiento en nuestro ambiente cultural.
Narrador y dramaturgo, este escritor fundó en 1991 el grupo de teatro independiente «Arlequín», que se ha transformado en una referencia ineludible en el arte escénico.
Como escritor cosechó numerosas distinciones, que corroboran una carrera en permanente ascenso: premio Nuevas Voces del Teatro de Dramaturgia del Ministerio de Educación y Cultura (2003) por «Gardelito», segundo premio en Narrativa del Ministerio de Educación y Cultura (2004) por «Los inútiles», mención en el concurso de cuentos Cofac/Banda Oriental (1997) y Mención en el Concurso de la Intendencia Municipal de Montevideo (1996).
En 2001, recibió el primer premio de la Intendencia Municipal de Montevideo por «El rabo de Satán», que es la obra que hoy convoca nuestra atención.
Su tan extensa como prolífica trayectoria confirma que Soboredo es, pese a su escasa promoción, uno de los creadores más talentosos de la narrativa uruguaya contemporánea.
En el conceptuoso prólogo de esta obra, el emblemático poeta Washington Benavides afirma que «no es fácil hacer arte de la chatarra, pero más grave aún es cuando esa chatarra es chatarra humana».
En buena medida, las afirmaciones del prologuista anticipan la lectura de «El rabo de Satán», una novela que retrata, con inusual contundencia, las más despiadadas miserias humanas.
No es casual que este relato esté ambientado en un paraje indeterminado del norte de nuestro país, en las entrañas mismas del denominado Uruguay profundo.
La historia se desarrolla en un pueblo agonizante, donde un comisario prepotente, corrupto y de pasado oscuro se aferra obsesivamente a su pequeño espacio de poder.
En su rutina laboral cotidiana, este policía venido a menos debe convivir con un cabo torpe, ambicioso y violento que suele extralimitarse en los interrogatorios y un agente aparentemente sumiso, entre otros integrantes de una fauna uniformada de baja calaña.
William Soboredo construye un paisaje de desoladora y agobiante decadencia, cuyas habitantes conviven según sus propios e inmutables códigos.
Bajo la aparente inercia y mansedumbre de una población indiferente, subyacen terribles conflictos, odios irreconciliables, infidelidades matrimoniales que nadie osa comentar y otros problemas que pueden devenir en dramáticos desenlaces.
En el marco de esta desencantada escenografía humana, no faltan – naturalmente – un prostíbulo y cabaret de mala muerte, meretrices decadentes, alcohólicos empedernidos y otros individuos no menos desgastados por una vida sin sentido.
Corroborando su indudable talento para retratar elocuentemente las conductas humanas, el narrador se interna en el universo interior de sus personajes, frecuentemente sacudidos por turbulentas pasiones.
Apelando a la mejor tradición de la novela negra, el dramaturgo tacuaremboense construye un contundente relato que atesora múltiples historias de seres perdedores, agobiados por las rutinas y en situación de extremo desamparo.
Los protagonistas de «El rabo de Satán» son todos descastados y antihéroes y meros juguetes de un destino perverso y obviamente inexorable.
La pluma de William Soboredo posee un realismo que impacta, en la descripción de un universo patéticamente desencantado y cargado de una agobiante sordidez.
«El rabo de Satán» es un relato despojado de complacientes eufemismos, concebido mediante una escritura frontal y despiadada, que desnuda las facetas más oscuras de la condición humana. *
(Correlato Editores)
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