Afinidades elegidas
Siempre se hicieron referencias a influencias, dependencias formales o, más recientemente, citaciones, deliberadas o no. Manet tuvo a Goya muy presente, Renoir a Rubens, Picasso a Toulouse-Lautrec, para enumerar algunos casos sobradamente conocidos. Al afirmar la individualidad, se alejan de los modelos iniciales y queda un saldo de vínculos sutiles, no siempre detectables en la primera mirada.
Anhelo Hernández se mantuvo cercano a Torres García y Picasso. Del genio malagueño conservó temas, composiciones, el talante expresionista, la preocupación social. Pero el incisivo talento, la amplia sensibilidad y la refinada cultura del artista uruguayo hicieron, después de un largo tiempo, que esos referentes, que esos elementos derivativos, aparezcan diluidos, aplacados, evanescentes, para instalar una visión más personal. Amparadas en el título Entre dos milenios, se suceden varias series. Un cuadro enorme, Nadie se salva, ejecutado en 2000, de las proporciones de Guernica, preside la muestra, mientras las series Centauromaquia, 1997/98, De los caudillos, 1998, Del Génesis (1998), Otras, 1998/99, alternan con grabados y esculturas. Intercalar pinturas de gran tamaño y aguafuertes pequeños no es un acierto y desequilibra la lectura de la exposición al pasar de la épica y lo monumental al intimismo que exigen acercamientos y tiempos muy diferentes.
Es una lástima. Porque en la serie Del Génesis (los óleos El pecado, Eros y Tanatos, La expulsión) encuentra una comunicación franca y directa con economía de recursos plásticos y su imaginación resalta el potencial expresivo, hasta otorgar a su narrativa una entonación local. La excelencia de los grabados resulta disminuida, apretada por la cercanía de los enormes cuadros.
Alfonso Centurión toma como referente al período montevideano de José Gamarra de los años 1959/63, con la poética de signos y una paleta de entonación baja. El vidrio antirreflejo disimula la dependencia pero no deja de ser curiosa esa relación casi mimética con las imágenes gamarrianas.
Martha Castillo convoca a Boltanski con su panel de arborescentes lámparas eléctricas que prolonga en una muy profesional instalación sobre las ambigüedades de la construcción plástica en América Latina. La sobreposición de imágenes contrastantes y ciertos efectismos del montaje, la variedad de su propuesta, siempre vívidamente sentida pero erráticamente formulada, en el mismo lugar, debilita los objetivos buscados.
Fernando Oliveri empezó como un dibujante interesante y luego derivó hacia la pintura con menos convicción. Aunque hay cuadros resueltos con aceptable habilidad (en los fragmentos de anamorfosis) es inevitable la presencia de Clever Lara, citado en un tono menor.
Mariví Ugolino presenta numerosas obras recientes, trabajos en madera (ocasionalmente en metal) ensamblada o taraceada (con deficiencias notorias en el aspecto técnico) que conforman construcciones pequeñas, con títulos genéricos que podrían ser intercambiables, erróneamente ubicadas sobre frágiles pedestales y a la sombra venerable de Louise Bourgeois en sus famosas casas de mármol. Hace más de una década hizo una instalación memorable y ahora la mano parece menos segura y las ideas escasamente originales.
Anhelo Hernández
Pintura, escultura, grabado
Museo de Arte Contemporáneo
Alfonso Centurión
Pintura
Galería Pocitos
Martha Castillo
Instalación
Espacio Cultural MEC
Fernando Oliveri
Pintura
Sala Pedro Figari
Mariví Ugolino
Escultura
Galería Del Paseo
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