
La embajadora mexicana en nuestro país, Perla Carvalho, manifestó que la inauguración de esta exposición “marca la apertura del amplio abanico de prácticas culturales y artísticas, ya sean de índole tradicional como contemporánea, popular o erudita, que propondrá el Espacio Cultural de México: un espacio capaz de propiciar la reflexión en todas las esferas del pensamiento y la creación, de acercar el arte mexicano al Uruguay y de brindar a los artistas locales proyección internacional. Gracias a un minucioso trabajo de restauración arquitectónica, la actual sede de la Embajada de México permite apreciar la historia evolutiva del edificio, desde las postrimerías del siglo XIX hasta bien entrado el XXI: una verdadera “arqueología afectiva” que exhibe sus añejas paredes de ladrillo visto, sus luminosos patios interiores, sus remozadas tiranterías. Esta apuesta cultural enorgullece a dos países hermanos que estrechan en la feliz iniciativa sus sinceros lazos de amistad y de compromiso participativo en la comunidad”, afirmó.
Por su parte, el curador de la muestra inaugural, Pablo Thiago Rocca, en el texto de presentación de la exposición afirma, entre otras cosas que, “México es mixtura. Quinientos años de incidencia cultural de Occidente no han hecho más que profundizar, ciertamente a veces de manera violenta y radical, los fenómenos de hibridación cultural, de enfrentamiento, de fusiones y alianzas interétnicas que ya eran frecuentes siglos antes de la Conquista. Como miscelánea de pueblos y crisol de conocimientos, México es un paradigma de los procesos sincréticos que vive el mundo moderno: la religión es mayoritariamente católica y el español su lengua oficial, pero más de seis millones de habitantes son de habla indígena nahuas, huicholes, tarahumaras, mixtecos, zapotecas, lacandones, otomíes, totonacas… en un total de cincuenta y seis grupos y aproximadamente veintiocho millones entre emigrantes documentados o no, nacidos en México, y ciudadanos de ascendencia mexicana, viven actualmente en el territorio de Estados Unidos. El pueblo mexicano encarna en su seno todas las expresiones características de la riqueza cultural y de los contrastes sociales extremos.
La vasta tradición cultural de Occidente y las prácticas más recientes del arte contemporáneo no escapan a esta realidad: se ven reflejados en ella. Si las vanguardias estéticas de la primera mitad del siglo XX, con su dialéctica de manifiestos, rupturas y gestos altisonantes, marcaron la tónica de los procesos críticos que vivían entonces las sociedades europeas como quiebre espiritual y trance histórico, el arte contemporáneo, con sus revulsiones constantes, sus críticas al orden político, sus acuerdos y discrepancias con el mercado, conforman el signo de los nuevos tiempos.
Los artistas uruguayos y mexicanos que se presentan en esta muestra han resuelto de manera dialógica sus propios conflictos con la tradición, han asumido la amalgama de los legados y las tensiones internas y externas en su arte. Algunos de ellos viven actualmente en México, otros lo han hecho en el pasado, todos conocen y han abrevado de la maravillosa fuente de su arte. En ese arte se encuentran depositadas como semillas las posibilidades de integración y de diálogo fecundo con la diversidad, que es un bien biológico, una cualidad moral y la única alternativa para la convivencia pacífica. Con su silenciosa prédica de trabajo los artistas nos enseñan a resolver nuestras propias crisis de sentido, nuestras flaquezas espirituales. Cada cual con su ejemplo contribuye a hacer posible la libertad de los demás”, opina Thiago Rocca. *
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