Pequeñeces
Suele suceder. Uno espera un Rolex de oro, una Ferrari descapotable roja, un crucero por Alaska. Y ese sueño, en nuestro día del padre, se transforma en un dinámico cepillo de dientes, en un imprescindible bolígrafo de punta fina o simplemente en un » ¡Feliz día, viejo!» y vuelve a la realidad. La vida es así, con un buen deseo cercano y con una irrealidad lejana. Esto de las ventas por fiestas creadas para crear sentimientos, en realidad me rechina bastante. Y los griteríos publicitarios cansan ofreciendo productos a alto volumen. Por eso, vale destacar el comercial de CTI, que apela a los sentimientos de los hijos y no de las mujeres. Se ve a un par de chiquilines despertando a la madre; hablando en voz baja le recuerdan que en el pasado año le regaló al papá un montón de velas aromáticas, que el destinatario nunca prendió. Los botijas le dicen que si tanto le gustan las velas pues que se las regale a su padre, o sea al abuelo, y que este año el regalo lo piensan ellos. Como bien educados, dejan a la madre con un «Descansá, buenas noches». No le dejan oportunidad para decir nada. Tienen razón, claro.
También tuvieron razón los responsables de «La fea más bella», ese telenovelón que desde hace mucho pero mucho estaba mostrándonos las torpezas y habilidades de una muchacha, Leti, que era fea sin salvación: cara regordeta, un peinado alisado hacia atrás con una raya enorme, un par de lentes del siglo XIX, unos mofletes hinchados, unos tics de tonta, otros mohines de ingenua y unos frenillos en sus dientes que le auguraban un futuro de solterona. Pero cuando consigue un trabajo con Fernando, éste se aprovecha de ella, logra varias veces tener relaciones sexuales con ella, y sigue su vida.
La gente de Televisa, para Univisión, tomó como ejemplo la novela colombiana «Betty, la fea» y le agregó un tonito amexicanado con algunos implantes que reafirmaron la triste historia de esta muchacha que termina siendo la más linda. Por supuesto que el autor sigue con más dólares que nunca ya que en el mismo Estados Unidos está la versión en inglés, que se llama «Betty, the ugly».
Tuvieron razón en apostar a esta «remake» y así se llego, como era previsible, a un final con casamiento. Y más razón aun cuando luego juntaron decenas de miles de mexicanos que salieron a la calle para seguir un espectáculo musical, con cantantes y grupos locales. Hasta ahora a nadie, ni a los brasileños, maestros de las telenovelas, se les había ocurrido algo así: un final con todo el pueblo en la calle la pareja desfilando en medio de la multitud y donde además de la música se pasaban en pantallas gigantes algunas escenas supuestamente íntimas de lo que había pasado luego de la boda entre la hermosa y el ricachón. Fue sufrida la serie. Tuvo que aguantarse todo un año. Y el saldo, mas allá de la gran teleaudiencia que se cuenta que tuvo en México y en el Estados Unidos de habla hispana, es muy pobre, por tanta pavada amontonada para llegar a un final que ya se sabía desde el primer capítulo.
La sorpresa para los uruguayos es otra. Canal 10 Saeta, en un intento de lograr capturar de rebote al público que tuvo «Sos mi vida», llega a una sorprendente repetición de «Muñeca brava». No es un cambio de actores ni una reformulación argumental, es simplemente pasarnos de vuelta 270 capítulos de aquella telenovelita donde se hacia famosa la uruguayita Natalia Oreiro junto a Facundo Arana.
Casi vale jugar a la memoria de aquella muchachita tilinguita, la «Mili» o «La Cholita» (siempre gustan de ponerle motes tontuelos para explicar sus acciones simplonas en la novela, era «La monita» en «Sos mi vida») para que no pase un año sufriendo con tantas sandeces. Por lo menos, uno se acuerda de aquel lío creado por la gurisa, criada en un convento pero con un pasado desconocido. Debe rememorar que ella consigue trabajo en una casa de ricos, los Di Carlo, que tienen siempre a una anciana encerrada la buena actriz Lidia Lamaison. Para agregar cosas raras, al exitoso guionista, Enrique Torres, que ya arrastraba títulos de gran suceso como «Celeste, siempre Celeste», con aquella otra niñita prodigio que parecía Andrea del Boca, o también «Antonella», se le ocurre que «la Cholita» se enamore del hijo del patrón, cosa que no es novedosa, y luego se entera de que ella es también hija del patrón, por lo que es hermana de su enamorado, hasta que por fin se entera de que Arana es hijo de la mujer del patrón, y que su verdadera madre es una monjita del convento donde solía pasar sus años de niña. No recordamos bien si la mamá verdadera de Ivo había tenido un desliz y jorobado al padre y quizá por eso debamos ver otra vez el culebrón.
Retorcida la vida, es cierto. Pero como Natalita tuvo una buena recepción en el publico y tenía alma de futbolera, le contamos que al final de la telenovela, cuando se va casada, en el auto, un pibe se le acerca con una pelota de fútbol, la invita a bajarse y ella, en traje de novia se hace su golcito. Olvidábamos decirle que el casamiento se hizo en una cancha de fútbol y el altar tenía detrás un arco de fútbol, claro. Bien porteño, todo, recomendable para infras. Un viejo éxito, malo por cierto, ¿amerita su repetición? *
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