Escrito por: THOMAS WERNER

Siempre se dijo que el instrumento de Ellington (1899-1974) era su formidable agrupación de instrumentistas. Ríos de tinta se escribieron sobre la forma en que componía pensando en sus músicos y los insuperables resultados que obtuvo durante medio siglo de deslumbrante trayectoria. Pero es escasa la literatura dedicada a analizar las grabaciones del maestro en su rol de pianista. Cuando se mencionan los discos en los que se destaca como solista o se lo puede escuchar improvisando pródigamente, se lo recuerda especialmente con los tríos que grabó en 1953 ( Piano reflections), en 1962 ( Money jungle) y, un año antes, en Piano in the foreground.
Es este último CD, del sello Columbia / Legacy, el que acaba de poner en venta en el mercado uruguayo la empresa Sony BMG. Contiene las doce estupendas grabaciones realizadas en marzo de 1961, con Ellington acompañado por Aaron Bell en contrabajo y Sam Woodyard en batería, más otras seis versiones de 1957 en las que Jimmy Woode reemplaza a Bell. De este modo el CD totaliza casi setenta minutos de ambrosía musical.
Piano in the foreground es puro Ellington de principio a fin. Aquí se conjugan sus concepciones de las épocas clásicas del jazz con el fino oído del creador que ha escuchado las nuevas corrientes que surgen en los últimos años. El toque percusivo, la sonoridad viril y brillante, los arpegios románticos, el fraseo saltarín y staccato, la ejecución dinámica y bellamente armonizada, la inclusión de sorpresivos contratiempos y ritmos asimétricos, la valorización de pausas y silencios, son todos aspectos de un estilo que ha sabido amalgamar con personalidad propia los elementos musicales de las muchas décadas de rica historia afroamericana. No es extraño que un gigante como Thelonious Monk haya abrevado en las enseñanzas de Ellington.
Hay influencias por doquier y el pianista no las oculta. “Body and soul” evoca a su ídolo James P. Johnson, “Springtime in Africa” y “Cong-go” incursiona en los africanismos transportados a América, el popular “Summertime” es re-codificado con toques de free jazz, “Blues for Jerry” recuerda a Monk, y en “I can’t get started” y “Lotus blossom” se despliegan su reconocida elegancia y sofisticación. Woodyard y Bell se mantienen en segundo plano, escrupulosos y rítmicamente fieles a las indicaciones del director.
En las grabaciones de 1957, con un Jimmy Woode más incisivo en el contrabajo, hay cuatro obras tituladas “Piano improvisation”. En tres de ellas Duke exhibe su afecto por el espíritu del tradicional blues de doce compases y en la Nº 3 se despacha con un fulgurante stride piano al mejor estilo de Fats Waller. Aparecen también las dos tomas de “All the things you are”, registradas con pocos minutos de diferencia, que muestran la fertilidad de ideas de Ellington y sus variadas improvisaciones sobre un mismo tema. *
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