"PLAYA DESIERTA", DE MARIANA PERCOVICH, EN EL UNDERMOVIE

No entiendo lo que dice la escritora

Comenzó su carrera como directora y autora con «Te Casarás en América» (1996), ambientada en una sinagoga; siguió «Destino de dos cosas o de tres», de Rafael Spregelburd, presentada en la estación de ferrocarril de Colón (1996); «Extraviada» (1998), puesta en escena, por excepción en el teatro Circular; luego «Juego de damas crueles», ambientada en las viejas caballerizas del Museo Blanes, obra que obtuvo el «Florencio» al mejor espectáculo del año y se presentó en los festivales de Porto Alegre y Buenos Aires; «Alicia Underground» en un espacio vacío del edificio del Notariado; «Ayax» de Heiner Müller en el Instituto Goethe; las escaleras y espacios del Jockey Club vieron «El Vampiro en el Jockey», de Ana Solari; «Leni y Marlene», también en el Goethe, «Cenizas en mi corazón» sobre Gardel, en el salón de fiestas del hotel Cervantes, «Yocasta» sobre «Edipo Rey», «Proyecto Feria». Esta obra, «Duras» escrita en el año 2000, es el antecedente, con otro nombre, de «Playa desierta»; la pieza hubo de ser protagonizada por Roxana Blanco, quien al tiempo desistió y fue reemplazada por Claudia Pisan. El escenario es un piso de arena, la «playa desierta» por donde, música mediante, circulan y casi bailan dos hombres y una mujer con un abanico y coreografía de Inthamoussú. El texto, que afirma que la palabra es todo, profesa la curiosa teoría de que la vida enseña a escribir. Extraño que sólo a Balzac la vida haya enseñado a escribir «La muchacha de los ojos de oro».

Mariana Percovich ha acertado como directora con las piezas de Tantanián y Muller; sus obras propias son superficiales y frías. Son exteriores; exteriores al público, que no se compromete y en general no entiende, sino también a la autora. Se observará que es imposible encontrar un patrón común a la diversidad de temas que la autora ha tratado. Percovich está fascinada por lo que llamaríamos, en el lenguaje que se oye en «Playa desierta», los mensajes del espacio. Escribió: «En los espacios urbanos que han quedado vacíos se esconden todas las historias que los habitaron, los fantasmas, en el sentido psicoanalítico y en el otro, el rastro de sus materiales, el silencio que espera la primera voz para comenzar a interactuar con nosotros». En lo mejor, esto suena a una célebre página de «Los cuadernos de Malte Laurids Brigge» de Rilke, donde se intenta, a partir de lo que aún es visible, la reconstrucción del pasado; en la formulación de Percovich el arte nace de lo inerte, de un diálogo entre objetos inanimados y nosotros. Por supuesto, esta idea, casi mística, es irrealizable: el espacio vacío del edificio del Notariado no albergó a partir de sus paredes y su techo, a «Alicia Underground» en vez de «Playa desierta»; y, ajenos todos ellos a piedras o ladrillos, aparecen, en sus espectáculos Heiner Müller y no Bertolt Brecht, Alejandro Tantanián y no Eduardo Pavlovsky, Marguerite Duras y no Anne Tyler o Marguerite Yourcenar.

De las diversas opiniones vertidas, alguna en la prensa escrita y otras en Internet, extractamos fragmentos que le darán al lector, una idea de la pieza de Percovich. El comentario de esta página, para continuar con esta impersonalidad, estará hoy a cargo de Lope de Vega, que para mayor dificultad eligió la forma del soneto. Siguen los comentarios de Internet:

«Estuve inmerso… sentía que me ahogaba, la arena se movía… otra realidad lejana a la mía… Esas palabras… quedaban y se acumulaban en la arena… quizás la arena era las palabras… Las imágenes eran más fuertes que la poesía o la poesía era más fuerte que las imágenes… espacio envolvente, casi sublime. Sutil, exacto… otra dimensión, a otro tiempo, otra filosofía….la muerte va de la mano de la escritura y el destino se confunde con el odio y el amor… música de misticismo y dramatismo del ruido de las nubes, la tormenta, el viento los truenos… Estaba muy nerviosa. Desnuda… ese final que es un estreno… daba miedo y abismo… Un caleidoscopio de imágenes en rojo blanco y negro, la pasión, la muerte, la sabiduría… profundidad de pensamiento… El fluir del chi, la energía, y el teatro se convierte ahora en danza de los cuerpos… vacuidad del espíritu,… sexualidad, es algo menor, accesorio… ¿fidelidad, traición, homosexualismo? ¿Qué es amar? ¿no es lo real mi naturaleza animal? …el tiempo y el espacio fluyen también… la obra es como un espejo en que uno puede redescubrir distintas dimensiones, (quizás algunas no imaginadas por la directora); una obra «abierta».

Al parecer y según el soneto de Lope de Vega, Boscán y Garcilaso dieron con personas afectadas de un culteranismo, del todo análogo al de los espectadores de «Playa desierta». Lo único comprensible, como dicho en el español de hoy, del poema es la palabra de los dos poetas: «-Boscán, tarde llegamos. ¿Hay posada?/ -Llamad desde la posta, Garcilaso./ -¿Quién es? -Dos caballeros del Parnaso./ -No hay donde nocturnar palestra armada. /-No entiendo lo que dice la criada./ Madona, ¿qué decís? -Que afecten paso, / que obstenta limbos el mentido ocaso/ y el sol depinge la porción rosada. /-¿Estás en ti, mujer? -Negóse al tino/ el ambulante huésped. -¡Que en tan poco /tiempo tal lengua entre cristianos haya!/ Boscán, perdido habemos el camino;/ preguntad por Castilla, que estoy loco/ o no habemos salido de Vizcaya». *

PLAYA DESIERTA, un espectáculo de Mariana Percovich, con Claudia Pisan, Gustavo Saffores, Julio de León y Ariel Ameijenda. Música de Ariel Ameijenda, espacio de Fernando Scorsela, luces de Juan José Ferragut, vestuario de Gerardo Egea, preparación corporal de Estreno del 2 de junio, teatro UnderMovie, en Movie Center.

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