Asesinos del silencio
Las ediciones conjuntas elaboradas por los miembros de diversos talleres, son muy frecuentes en el ámbito de la esforzada literatura uruguaya.
El escaso apoyo a la cultura nacional y la dificultad para publicar y comercializar un libro que no contemple las temáticas o formatos que el mercado suele consumir con mayor avidez, hacen virtualmente indispensables estas ediciones colectivas.
En muchas oportunidades, por desgracia, estas publicaciones, editadas en forma artesanal y fuera del sistema editorial mayoritario, tanto por autores en solitario como por grupos, suelen acercarnos obras de gran calidad que carecen de la necesaria difusión.
«Asesinos del silencio», edición del taller literario homónimo, coordinado por el escritor argentino Eduardo Luis Fernández, es uno de esos tantos ejemplos de una obra hecha en conjunto y editada a puro esfuerzo.
El libro reúne textos de cuatro talleristas: Ana Coll, Jaime Gris, Luis Curbelo Carrara y Alicia Romero Más de Ayala.
Es harto habitual en estas obras, que el prólogo, elaborado lógicamente por el responsable de coordinar el taller, se deshaga en elogios sobre el estilo, el lenguaje narrativo, la originalidad y el talento desplegado por los autores.
Esta edición no es por supuesto la excepción. Desde el comienzo, ya se evidencia un ditirámbico exceso de parte del escritor argentino, al referirse al trabajo de sus discípulos.
El hiperbólico discurso desplegado en el prólogo, que el lector consume antes de ingresar en la materia literaria, permite avizorar obras de mayor calidad y madurez estilística.
A propósito de los textos de Ana Coll, Eduardo Luis Fernández afirma: «Son un pasadizo a las incómodas estancias de la soledad y la locura, un descenso a los sótanos de la mente, donde la autora evita con astucia las trampas tendidas en la oscuridad».
En tanto, al referirse a la producción de Jaime Gril dice: «Un estilo provocativo, y con audacias de fotógrafo indiscreto. Asoma un enfant terrible que buena falta le hace a los tranquilos días del presente narrativo uruguayo».
Cuesta creer que alguien que se dedica la literatura como vocación y oficio, hable con tanta ligereza de la narrativa uruguaya actual, demostrando desconocer la buena calidad de la producción nacional y de sus exponentes.
Asimismo, sobre la tallerista Alicia Romero, Fernández destaca: «Cinco relatos breves de ejecución maestra son la carta de presentación de esta autora».
Ana Coll posee un adecuado manejo del lenguaje y una cierta capacidad para elaborar una historia, a partir de una anécdota mínima.
Más allá de la pulcritud de los textos y de la búsqueda de un estilo crudo, tenebroso y con marcadas influencias de Quiroga, la autora sólo consigue conformar narraciones que se parecen demasiado a tantas otras, sin lograr ese pretendido impacto final.
Por su parte, Curbelo Carrara se vale de un interesente lenguaje poético, algo onírico y surrealista. No obstante, su trabajo no trasciende a una correcta y esmerada construcción de los textos.
Algo similar ocurre con Jaime Gril y Alicia Romero.
Aunque procura transgredir e impactar con un estilo punzante, la narración de Gril carece de sustancia como para conmovedor al lector avezado.
Finalmente, aunque Romero demuestra un interesante manejo del lenguaje y un estilo narrativo muy prolijo, se encuentra lejos de la «maestría» que le atribuye Fernández.
Si bien en «Asesinos del silencio» se nota trabajo, empeño y algo de talento, quizá sus autores pueden demostrar algo más sólido en el futuro, siempre y cuando no se confíen en los excesivos elogios de su maestro. *
(AG Ediciones)
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