Persevera y triunfarás
No hay demasiada novedad en este largometraje para adolescentes denominado Coyote Ugly dirigida por el artesano David McNally. Chicas bonitas en una Nueva York donde siempre encontrarás la oportunidad de realizar tus sueños, ¿o no?
Esta historia ha sido filmada tantas veces que ya rebasa la calidad de receta o de clisé. Coyote Ugly alude a un bar nocturno servido por una serie de superchicas (entre ellas la espectacular top model morena Tyra Banks).
A la manera del Tom Cruise de Cocktail, muchachas le otorgan vértigo a las veladas cuando se paran en la barra y bailan al compás de la música pop y rock.
Son bellas, y el propósito es ganarse unos buenos dólares y que prospere el bar, cuya dueña es muy pero muy estricta en cuanto a las reglas a cumplir (no involucrarse con ningún cliente, bailar y calentar el ambiente hasta vaciar los bolsillos de todos, etcétera, vaya originalidad en este 2000).
En realidad el filme se desploma a los quinces minutos, luego de que la chica ingenua de New Jersey (pese a los reparos de su padre, John Goodman, ese gran actor) decide llegar a Manhattan con su necesidad de realizar su sueño: convertirse en compositora de canciones para folk-singers o lo que pinte. Desde luego,posee un espléndido rostro y un cuerpo moldeado a medida de estos filmes tan previsibles (tanto como sus ambientaciones, sus parlamentos almibarados y melodramáticos en el peor de los sentidos, su disfraz de comedia luminosa): de modo que la bebota rebota con sus demos y termina como principiante del pub y luego, figura principal. Por allí encontrará un noviete australiano que aterrizó en la ‘big apple’, que es tan apolíneo y encantador que la auxiliará a vencer el miedo a trepar el escenario y, en consecuencia, obtener el éxito. Con un ‘target’ dirigido al público teenager, Coyote Ugly desprende amarguras y frustraciones fugaces y un final feliz donde todos, incluyendo a un padre orgulloso, verán a esta Cenicienta del cambio de milenio en una suerte de itinerario de persevera y triunfarás, aunque la realidad real sea en rigor mucho más pesada que este bodrio que roza el absurdo y que infantiliza el mensaje ya tan deglutido del ‘american dream’ y sus efectos y benefactores; el lector sabrá entender.
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