
Si Kafka hubiera sido rumano habría escrito una historia no muy diferente a la de “La noche del señor Lazarescu”. El sesentón protagonista comienza a sentirse mal y decide llamar a una ambulancia y avisar a sus vecinos. Cuando ésta llega, el doctor a cargo de la unidad decide enviar al paciente a un hospital, y luego es derivado a otro, y así sucesivamente, con los consiguientes cambios de diagnóstico. Los médicos actúan con frialdad y obstinación. Mientras tanto, la noche sigue avanzando y la salud de Lazarescu empeora cada vez más.
El primer dato a tener en cuenta es que, pese a la gravedad del tema, que crece a medida que la noche avanza, el filme es en principio una comedia. Todo lo negra que se quiera, pero una comedia. Aparte de la referencia a Kafka, otra posible fuente puede ser el humor salvaje italiano, lo mejor de Dino Risi o el Ettore Scola de los buenos tiempos, que sabían partir de una situación cotidiana, examinarla con una dosis de humor sardónico y luego agigantarse de a poco hasta el drama o la tragedia.
Este Lazarescu empieza a morirse mientras a su alrededor médicos y enfermeras discuten delante de él como si no existiera, hacen prevalecer sus respectivos grados y jerarquías para descalificar diagnósticos de gente presuntamente menos calificada, o se aferran al reglamento en lugar de preocuparse por la salud del paciente.
Una de las virtudes de la película es el aire casi casual con que desliza conversaciones aparentemente triviales, discusiones tontas, arrogancias e impertinencias triviales, mientras lo que se juega es una vida.
Mientras avanza la noche también se acentúa el aire de indefensión que rodea al protagonista (espléndidamente interpretado por Ion Fiscuteanu), hasta un desenlace que no corresponde adelantar pero que hasta en su tratamiento fotográfico se las arregla para redondear su idea central.
Al habitualmente sensato Roger Ebert, del Chicago Sun Times, el modo como el filme muestra la realidad sin necesidad de enfatizar el drama le ha hecho pensar en el cine de los hermanos Dardenne. Más curiosamente, su colega Kenneth Turan ha pensado en Eric Rohmer. Más allá de referencias al cine ajeno, ellos y otros reconocen en el filme un trabajo profundo y auténtico, que retrata personajes y situaciones sin forzar conclusiones, y se prolonga en la reflexión del espectador.
La lista de galardones recibidos es contundente: premio Un Certain Regard (Cannes 2005), premio especial del jurado. (Chicago 2005), mejor actor (Ion Fiscuteanu) y premio especial del jurado (Copenhague 2005), premio de la crítica (Noruega 2005), premio al mejor filme rumano, mejor director, mejor actor para (Ion Fiscuteanu), mejor actriz (Lumita Gheorghiu) y premio Fipresci (Transilvania 2005), premio Amnesty Internacional (Motovun 2005), premios al mejor filme y mejor actriz para Lumita Gheorghiu (Namur 2005), mejor filme (Reykjavik 2005), mención especial del jurado (Wiesbaden 2005), premio Signis (Sevilla 2005), mención especial del jurado y premio de los estudiantes. (Bratislava 2005), mejor actor Fipresci para Ion Fiscuteanu (Palm Springs 2005), mejor filme. (Trieste 2006), mejor filme, premio Fipresci y Signis (Montevideo 2007).
Podrá verse desde mañana al 20 de junio, en los horarios de 16.50, 19.30 y 22.10 horas en la sala de la Avenida 18 de Julio entre Yaguarón y Yi. *
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