"Amnesia", en el Teatro Florencio Sánchez

Un séptimo de crítica

«Amnesia» es una obra que comenzó a darse en seis episodios callejeros previos que sucedieron en la plaza Matriz, en la escollera Sarandí, en Plazas, Ramblas y ómnibus y hasta en la Fortaleza del Cerro, para culminar en el Teatro «Florencio Sánchez». Declaramos que sólo pudimos ver, por distintas razones y no por falta de interés en el proyecto de «Moreno & Morena», lo que se presentó en el teatro y que comprendemos que una performance tan varia y extensa no puede ser juzgada con exactitud a partir de una parte final, y que, como dicen los autores en su muy bien presentada carpeta de prensa, «Amnesia» es una obra teatral compuesta por 7 capítulos diferentes. Cada capítulo es una unidad en sí mismo. La unión de los siete capítulos constituye la totalidad del espectáculo».

Las anotaciones que siguen, por lo tanto se refieren exclusivamente al capítulo séptimo, y como consecuencia tienen un carácter provisorio, condicional: es perfectamente posible que la visión de los seis primeros capítulos modifique el último, o se integre con él en un todo que, disponiendo sólo del séptimo, no podemos adivinar. De un modo u otro, implica por parte de los autores, cuyo trabajo y dedicación al teatro merece los mejores elogios, una clara sobrevaloración de su posible público. Seguir una sola obra a lo largo de siete días, desplazándose a lugares distantes y al aire libre, con los inconvenientes del frío, el viento y la lluvia, sin el apoyo de asientos adecuados, es mucho más de lo que el espectador montevideano está dispuesto a conceder.

Luego de un comienzo en el hall del teatro a cargo de unos actores caracterizados como robots que repiten varias veces lo mismo con voces sin timbre ni color y se mueven con gestos espasmódicos, comenzamos a percibir detalles. En positivo es a veces gracioso y siempre ingenioso el vestuario creado por Moreno, como una pollera de botellas que servirá más tarde para dispersar la luz, o los discos compactos enteros o en trozos sobre las mallas negras, que añaden reflejos y azares. En negativo encontramos muy alta la voz, el tono muy exasperado, que no favorece la comunicación, una voz en off que llega con distorsión, una utilización dispersa, sin centro, del espacio teatral; el texto, de Marianella Morena, que logró una buena primera realización con «Los huecos del pan», incurre en un defecto muy común, que es la asimilación del sinsentido con la poesía, herencia irredenta de ciertos poetas en lengua española como Pablo Neruda y César Vallejo, hoy convertidos, como es usual, en héroes intocables, iconos sagrados y hasta meros espantapájaros, y cuyos verdaderos méritos habría que examinar a conciencia. Así por ejemplo, luego que se nos dice

«Si tuviera vértigo lo atraparía con mi espada dormida» y frases similares, generalmente referidas a términos abstractos y con una insistencia difícil de entender en la idea de «culpa», el espectador sabe que va a oír cualquier serie de palabras, y se desconecta: comienza a oír un fluir sonoro, una cascada de palabras, un río desarticulado. Al final oímos «Nadie tiene que sentir culpa por haber querido cambiar el mundo en los años 60″. Agradecemos la absolución, que suponemos irónica; pero nos quedamos esperando que los autores nos expliquen por qué no intentar cambiar el mundo en el año 2000. Acaso lo único que podemos y debemos hacer es fantasear, parados en ese extremo del mundo «que nos da una perespectiva de casi no pertenencia al restante espacio habitado», y ¿qué es la vieja y querida torre de marfil? La «modernidad feroz», sólo puede ser conjurada por un repliegue del artista sobre sí mismo, al ámbito privado, al lugar de los «poetas-para-sí-mismos», ¿de qué habló Fernando Pessoa? Si ello es así, el paso siguiente es, precisamente, la amnesia que está llegando a «La destrucción de (los vínculos de) «la experiencia contemporánea… con la de generaciones anteriores… uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX» (Eric Hobsbawn, «Historia del siglo XX», pág. 13). Anamnesis, y no amnesia: como escribió Valéry, «nada es más misterioso que cuando digo «mi memoria», James escribió, en la misma línea, que «el pasado tiene tantas posibilidades como el futuro «. Marcuse, un filósofo que hace treinta años estuvo muy de moda, como ayer Foucault y Julia Kristeva, dijo cosas pertinentes sobre la capacidad subversiva de la memoria, hoy olvidadas: pero el sólo hecho de que seamos, cultural e ideológicamente, hijos del Renacimiento, una de las paligenesias de la civilización grecolatina, hace aún más extraño ese deterioro de la vida por el dios Olvido. Sea como fuere, los artistas no pueden limitarse a verificar sus heridas, contar cadáveres, enterrar a los muertos.

Amnesia, de Ismael Moreno y Marianella Morena, con Beri Cueto, Rosana López, Gabriel Macció, Bernardo Maciel, Maiana Olazábal y Carola Verdesio. Escenografía y luces de Adán Torres, vestuario y objetos escenográficos de Ismael Moreno, música de Gonzalo Durán e Ismael Moreno, dirección general y puesta en escena de Ismael Moreno. En Teatro Florencio Sánchez (Cerro) , Grecia 3281. Teléf: 311 9011.

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