Entre la embriaguez, la locura y la razón
Las esculturas nos traen belleza, pero más aun civilización: un mundo sometido a reglas, a los modos del silogismo, a la compleja lógica de los estoicos, a los trabajos de geometría y matemáticas de Tales, Euclides y más tarde Diophantus. Contra ese telón de fondo Eurípides predica la ebriedad, aun la orgía que libera de límites pero que afronta un mundo sin ley, que incluye el filicidio.
Mediada su vida de aventuras, Dionisio (Fernando Amaral) llega a su amada Tebas. El dios ha creado y propagado tanto el vino como sus efectos transformadores, entre ellos el poder adivinatorio, que atrae a Tiresias (Daniel Torres). Dionisio invita a las mujeres tebanas a sus fiestas en el Monte Citerón; el rey Penteo (Guillermo Robales), nieto de Cadmo (Daniel Jorysz), se niega a aceptar las distendidas reuniones y hace detener a Dionisio y sus ménades o bacantes, que pronto recuperan su libertad. Sigue un tumulto revolucionario encabezado por la madre de Penteo, Agave (Noemí Alem): las bacantes decapitan y descuartizan al rey.
Se comprende el sentido subversivo de la muerte del soberano, que aparece hasta en los Evangelios y que es sinónimo de revolución, de poner todo cabeza abajo, hasta literalmente. Aún hoy, «Las bacantes» hace oír, como a la distancia, como una luz reflejada por varios espejos, los resplandores enigmáticos del Hades, la matriz del «zoológico infame de nuestros vicios» (Baudelaire), bajos fondos que, siguiendo a los mitos griegos, nos ha mostrado el psicoanálisis. El director Rodríguez Compare lo dice bellamente en el programa de mano: «Dionisio, con su carga de libertad y vida, por una parte, prepotencia y muerte, por otra, proyecta la dualidad a la que está sujeto el hombre». Rodríguez Compare, en la huella de Eurípides, no se pliega a las temibles implicaciones de Dionisos y mantiene un difícil equilibrio entre las feroces fuerzas en pugna. La obra está vertida tal cual ha llegado hasta nosotros, salvo, quizás, algunas mínimas abreviaturas; pero lo bastante intacta como para que hayamos pasado, durante su curso, de la simpatía por la libertad de las ménades y de enjuiciar en Penteo su dejo persecutorio, al horror ante el crimen de una madre enajenada. Nos convencimos de que, en tanto estemos vivos, siempre nos sucederá lo inesperado, que sabias previsiones suelen no cumplirse, que habremos de vivir en medio de la contradicción y que el mundo civilizado es una conquista del día a día.
El director ha utilizado eficazmente el espacio en sus diversos planos (escenografía e iluminación de Alvaro Domínguez) y el vestuario (Verónica Lagomarsino), en todo acorde con el poco familiar carácter de la tragedia. En la interpretación destacamos, dentro de un cuadro de actores serio y conocedor del arte, a Fernando Amaral en el muy difícil papel de Dionisio, Guillermo Robales como Penteo y Noemí Alem como Agave. *
LAS BACANTES, de Eurípides, por grupo teatro siglo XXI, con Noemí Alem, Daniel Torres, Daniel Jorysz, Fernando Amaral, Guillermo Robales, Alejandra Aceredo, Cristina Sartori, Susana Sánchez, Mariela Chiossoni, Matilde Nogueira, Lucía Treintini, Silvia Bechler, Federico Torrado, Sergio Muñoz y Juan Silva Alvarez. Escenografía e iluminación de Alvaro Domínguez, vestuario de Verónica Lagomarsino, coreografías de Noemí Alem y Laura Guisado, música de Martín Perrone, arreglos corales de Andrés Bedó, selección musical, puesta en escena y dirección general de Fernando Rodríguez Compare. En Museo de Historia del Arte, Ejido 1326.
Compartí tu opinión con toda la comunidad