Las nenas de Pepe en la Farmacia Solís

Escrito por: J. A.

Martes 29 de mayo de 2007 | 3:18
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El artista se mueve mejor dentro de límites; aquí Gabriel Calderón saca partido del reducido espacio de la antigua farmacia Solís, con sus estantes, sus escaleras internas, sus frascos con sus pócimas. Como los espectadores deben estar en alguna parte, y la finca tiene un frente mínimo, Calderón hizo de la farmacia un cabaret por donde circulan los actores, mano a mano con el público; y si el espacio es pequeño, parece que se amplía con no menos de veinte actores que cantan y bailan.

La dramática iluminación (María Noel Torres y Lil Cetraro) y el vestuario, cuidado y artístico (Alejandro Duffau y Pablo Aulisso) hacen el resto: el director creó atmósferas entre la realidad y el delirio, a veces con luces brillantes y otras veces con sombras, siempre con una sugestión de sospecha, de tratarse algo turbio. Con ese carnaval de sombras y canciones burlescas, pero donde aparecen tanto ingenuidades como resplandores del mal, Calderón para de cabeza “La casa de Bernarda Alba”: lo intolerable es que las hijas sean vírgenes, por motivos probablemente simétricos y, sobre todo, no menos dictados por la economía que los de Bernarda. La madre (Alma Claudio) las conmina a hacer el amor, sin pausa: algunas lo logran a costa de un hermano gay, que se sacrifica por sus hermanas; otras ya conocieron, ay, el sexo incestuoso de Pepe, el padre muerto.

El autor y director Calderón logra plenamente sus difíciles propósitos. Aquello tiene algo de aquelarre, de noche de Walpurgis, de vidas llevadas al extremo o al fondo de un pozo. Hemos recordado, con “Las nenas de Pepe” al inquietante y cáustico teatro de Genet; en los refinados efectos plásticos y en la utilización de ambientes pequeños, nos vino a la memoria Jean François Casanovas y “Caviar”; en la fantasía de la conducta que roza lo siniestro, recordamos las piezas de Caio Fernando Abreu, “Os dragoes nao conhecem o paradiso” o “A dama da noite”, que interpretó magistralmente Gilberto Gawronski, en un pub gay, en el tercer festival de teatro de Porto Alegre..

En cuanto a García Lorca, Calderón está muy lejos de los espectáculos, oportunistas o triviales, que dicen homenajear al poeta con el zurcido de sus peores canciones; “homenajes” a los que, de paso, “Las nenas de Pepe” zahiere con eficacia. Esta pieza no es “La casa de Bernarda Alba”, ni su parodia; podría ser una crítica en acción, como un negativo fotográfico, todo reflejos, brillos sedosos, sombras donde había luz y luces donde van las sombras. Al intentar una puesta al día, una evolución posterior al último acto, al tétrico “¡Silencio! Murió virgen”, Calderón realiza, con una creación imprevisiblemente autónoma, un auténtico homenaje a Lorca.

Los detalles de la realización están muy bien atendidos. Se percibe en todos ellos una especial atención y, en su caso, particular energía, nada frecuente en nuestro teatro, como si se tratara de trasmitir un mensaje en la forma más clara posible. Además de la escenografía, las luces y el vestuario, debe destacarse la banda sonora, las canciones, muy bien interpretadas, en particular las que estuvieron a cargo de la notable cantante Patricia Curzio, y la coreografía (Martín Inthamoussú) digna de la ya larga carrera de su autor. Finalmente, el libreto significa un claro progreso en la carrera de Calderón. Hay inventiva en las situaciones, rapidez y economía de medios, cierta elegancia en el decir, buenas bromas circunstanciales. Señalamos, casi el único reparo y sin asignarle importancia, que, por una especie de ley de rendimientos decrecientes, el abuso de las interjecciones (aquí, sobre todo, “mierda”) hace que a la cuarta vez que oímos la palabreja, ya no significa nada: a lo más oímos un grito. Las “malas palabras” no deben ser repudiadas por malsonantes o malolientes, sino porque el uso reiterado las reduce a ceniza.

“Las nenas de Pepe” es uno de los espectáculos más originales y creativos en lo que va del año. *

LAS NENAS DE PEPE, de Gabriel Calderón, con Alma Claudio, Susana Castro, Sofía Etcheverry, Carlos Frasca, Carolina Guerra, Cecilia Lema, Daniella Lezama, Gimena Fajardo, Jimena Calderón, María José Lage, Natalia Burgueño, Patricia Curzio, Rosario Martínez, Santiago Turenne, Vera Garat, Victoria Césperes, Ximena Hernández, Elisabeth Favat, Estela Bancalari y Florencia Lucas. Vestuario de Alejandro Duffau y Pablo Auliso, escenografía de Osvaldo Reyno, iluminación de María Noel Torres y Lil Cetraro, sonido de Juan Frau, coreografía y dirección corporal de Martín Inthamoussú, selección musical y dirección general de Gabriel Calderón. En Farmacia Solís, Agraciada 2623, casi Santa Fe.

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