"¡Qué problema!" de Juan Graña en Teatro Circular

¡Qué reestreno!

El tema se inscribe en las fantasías de la conducta, como la célebre pregunta de Boswell, que rechazó el doctor Johnson, sobre qué haría si lo encerraran en una torre con un niño, como las invenciones de Mark Twain (El hombre del traje gris) sobre qué pasaría si un hombre tuviera un billete de un millón de dólares, como las posibilidades y desengaños de un viaje al futuro de Max Beerbohm en Enoch Soames, como los cambios repentinos de condición económica o social (De mendigo a millonario) o como qué sucedería si fuéramos invisibles (El hombre invisible de H.G. Wells).

La empresa demandaba, necesariamente, imaginación, inventiva, sentido del humor y de la sátira, situaciones originales e imprevisibles; ¡Qué problema! no emplea tan naturales ingredientes y ni siquiera lo intenta.

En cuanto a la realización de la idea, los varios esquicios de la obra, si bien tienen el mismo tema, no se integran en un argumento único; como consecuencia, no hay una intriga, ni una progresión, ni un encadenamiento de episodios siquiera sobre las posibles analogías y la obra termina en el mismo punto en que comenzó. Tal vez podría haber empezado por el último episodio y concluir por el primero.

Además de inerte, el desarrollo del tema es rutinario. Graña se limita a plantear el «problema» del protagonista, que parece haberlo afectado en forma súbita, como si le hubiera caído encima como un aerolito o como si sufriera una repentina incontinencia verbal.

El héroe, del que sabemos que se llama Justo Moreira (Carlos Rodríguez), no tiene más rasgos de personalidad que una irritación casi continua, a la que debe suponerse consecuencia de su problema. Más adelante sabemos que trabaja en una oficina, con el consabido jefe autoritario (Angel Medina) y un compañero hecho con el molde habitual (Javier Lasarte); más adelante sabemos que se lleva mal con su cónyuge (Patricia Yosi), que lo abandona de buenas a primeras, sabemos que frecuenta, con un abyecto sometimiento, a una prostituta (Paola Venditto). Nada habrá, por tanto, de la transformación de un carácter por situaciones insólitas y ni el correlativo tema de la transformación de las circunstancias por el carácter, mínima dialéctica que la situación planteada sugiere de inmediato.

Las escenas con el psiquiatra (Angel Medina) o con la curandera (Lupe Mesa Deus) no tienen ningún interés. Las que siguen con la esposa y con la prostituta conducen a otro género de drama o de comedia, y más desconciertan que agregan a la obra.

Toda la eficacia de ¡Qué problema! está confiada a los chistes, y cada uno sabrá qué le hace reír. Pero el teatro es un arte muy elevado, que nos ha dado maravillosas revelaciones, dulcísimas emociones, inolvidables recuerdos y no pocas luces sobre nuestra propia vida: nada tiene que ver con «Plop!», «Telecataplum», Luis Landriscina o Alberto Olmedo. No vamos al teatro, que es una cosa seria, a reírnos, lo que no impide que en toda obra, hasta en las mejores obras trágicas, haya muchas y muy lógicas ocasiones para ello. ¡Qué problema! fue estrenada a fines de 1986 por Café Teatro en el teatro de la Asociación Cristiana de Jóvenes, con dirección de Carlos Viana y actuación de Roberto Bornes, Andrés Pérez, Patricia Requena y Marianel Gandolfo. Si esta reposición de una obra que se estrenó en un teatro de aficionados, es lo mejor que puede ofrecer al público uno de nuestros mejores teatros independientes, el teatro Circular, es nuestro teatro el que tiene un problema. Y qué problema.

¡Qué problema!, de Juan Graña, por Teatro Circular. Con Carlos Rodríguez, Angel Medina, Lupe Mesa Deus, Patricia Yosi, Javier Lasarte y Paola Venditto. Escenografía de Osvaldo Reyno, ambientación sonora de Fernando Ulivi, Iluminación de Hugo Leao, vestuario de Concepción Masachs, dirección general de Juan Graña, En Teatro Circular, sala 1, estreno del 14 de octubre.

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