
Armando Bergallo y Héctor Vilche (ambos montevideanos del 42) formaron parte de esa legión de artistas nacionales formados en el taller Torres GarcÃa. Ambos lo hicieron al lado de José Gurvich, fundaron su propio grupo con el nombre Taller Montevideo (se incorporaron Clara Scremini y Gorki Bollar), hicieron exposiciones de “pintura y arte aplicado” por primera vez en 1963 en el semanario Marcha, en la sede de Rincón, y ejecutaron un mural en la Casa Caubarrère.
En 1966, invitados por el gobierno holandés visitaron los PaÃses Bajos y después recorrieron, residieron y trabajaron (en el proceso se agregó Ernesto Vila) en ParÃs, Londres y Estados Unidos.
La experiencia grupal fue enriquecedora. Exhibieron en La Haya, recibieron elogios Edy de Wilde, director del famoso Museo Stedelijk, conocieron y se vincularon a Julio Le Parc y sus formulaciones cinéticas, que dejó sus huellas en un mural realizado en Londres en 1967.
Complejizaron sus ideas en Cronus con la incorporación de la danza (1968) y el empleo de cubos hechos con elementos tubulares que tuvo otras versiones en las calles de Londres, en una suerte de mezcla entre el happening y la intervención urbana, luego en la Bienal de ParÃs (1969), donde recibieron una mención de honor y que, con sucesivas alteraciones, llevaron a la Bienal de Venecia (1970) y Chicago (Museo de Arte Contemporáneo), Nueva York (Central Park, 1970) y el Festival de Edimburgo, 1971.
Fue un intento, en una época de grandes transformaciones estéticas, de redefinir el concepto y la práctica del arte.
Bergallo y Vilche quedaron como únicos integrantes del Taller Montevideo (Vila regresó a Uruguay, Scremini instaló una galerÃa en Londres, luego en ParÃs) y en 1972 hicieron la pelÃcula Las semillas sobre la masacre de los mineros bolivianos, que recibió varios premios en diversos festivales internacionales, se arriesgan con espectáculos multimedia (Mama Grande, Caracas, MedellÃn y México, La ciudad transparente, Centro Pompidou, ICA, Londres, 1979, y en 1981 en Florencia).
Hasta que en 1982 el Taller Montevideo cambia su nombre por el de Taller Amsterdam. Radicados en la ciudad holandesa, se establecen en una antigua cochera del siglo XVII en el Keizersgracht, uno de los canales más atractivos del centro de Amsterdam.
Allà empiezan a exhibir sus obras y como directores artÃsticos planifican producir óperas y teatro musical contemporáneos (The Night of the Third Day, que pasean por varias ciudades holandesas y francesas), con éxito de crÃtica, la ópera Progress Passion de Jan Bus Ilse van de Kasteelen (se integrará al grupo como compositora) y Pieter van der Esch, Satyricon, ópera de Bruno Maderna, Memoria y libertad, estudio para la ópera urbana en La Defense y La Villette de ParÃs, 1992.
Otras óperas de van de Kasteelen (Dancer/Danger, All the Way, Los heraldos, Ja zeggen, Vestige, De steek van een schorpioen, asà como la ópera-tango MarÃa de Buenos Aires de Astor Piazzola.
Son algunos de los trabajos multimedia que han elaborado en las últimas dos décadas y que tuvieron una proyección internacional de excepcional receptividad.
Aunque muchos lo identifican con el teatro, el Taller Amsterdam es un taller de producción variada e independiente, abierto a sugestiones, con un equipo multidisciplinario que, salvo los tres integrantes principales y el productor Freek van Kleij, varÃa en función de las necesidades de cada obra.
Entre sus inminentes proyectos figuran en Francia, Taller Aquitania (2002), Itaka, del compositor catalán Josep Vicent (2002) y la Opera do malandro de Chico Buarque de Holanda, en La Haya (2003).
Por ahora, mientras preparan una gran muestra para la próxima temporada en el Museo Nacional de Artes Visuales, establecerán un diálogo con el autor de esta nota, el miércoles a las 18.30, en el museo del Parque Rodó en el comienzo del ciclo titulado “Los artistas uruguayos hablan de arte“.
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