Escrito por: JORGE ARIAS

Marx escribió una biografía de Simón Bolívar para la American Cyclopedia neoyorkina de Charles Dana (1858), la que no llegó a publicarse y que relata con detalle la vida de Bolívar en ocho páginas formato A4, legibles en la Wikipedia – Wikisource, a donde se llega mediante el buscador Google por “Karl Marx” “Simón Bolívar”. La biografía de Bolívar por Marx, todo un precursor del trabajo a distancia, es admirable: manejo adecuado y responsable de la información, agudo y breve análisis de la persona y, como siempre, una percepción del estado de la sociedad sudamericana de una clarividencia que asombra. Ningún admirador de Bolívar pudo desmentir las afirmaciones de Marx.
Pacho O’Donnell ha reconstruido, en base a testimonios indirectos, el “Encuentro de Guayaquil” (26 y 27 de julio de 1822) entre San Martín y Bolívar. San Martín está en condiciones de tomar Lima, último reducto de España; pero no tiene fuerzas suficientes y pide a Bolívar cuatro mil hombres. No hubo testigos de las entrevistas, que insumieron un total de cinco horas, y menos un registro directo de lo que allí se habló. Bolívar, que días antes había anexado Guayaquil a Colombia, por decreto, niega el apoyo a San Martín, para que no corriera riesgos su ejército del Norte; San Martín le ofrece ponerse bajo sus órdenes, lo que Bolívar tampoco aceptó. Finalmente, San Martín entrega a Bolívar el ejército de los Andes y se retira de la vida pública y aún de América, para terminar sus días en Boulogne- sur- Mer, Francia.
Entre tantos encuentros imaginarios que el espectador de teatro ha padecido, un encuentro real refresca la atmósfera; el enigma sobre lo que sucedió y se dijo agrega unos átomos de estimulante ozono. O’Donnell, que escribe en forma clara, sencilla y directa, no se pliega a la visión de Marx, que conoce; por comprensibles razones de equilibrio artístico, no disminuye hasta ese extremo la figura del Bolívar. El autor no emprende la tarea de devaluar a los “Libertadores”, no emplea la perspectiva del “ayuda de cámara”; pero señala un camino de información y crítica, que debemos transitarse a propósito de los “héroes”, los presidentes, los gobernantes, los periódicos, los seres que nos rodean. Ambos generales hablan en un imaginable pie de igualdad, con una franqueza no exenta de púas, como cuando Bolívar habla de la habilidad de San Martín para casarse con una mujer patricia y adinerada (Remedios de Escalada), unión que no lo privó de una amante nada circunstancial (Rosa Campuzano, la “Protectora”); le reprocha aún que recurra, para tratar los dolores de una enfermedad, al opio, en la forma de láudano (Bolívar recomienda el ron). Quedaron algunas interrogantes en el aire, como la idea de la presidencia vitalicia que proyectó Bolívar y las ideas monárquicas de San Martín, tal vez sugeridas por la necesidad y la cercanía del peligro; y aunque ambos líderes dictaron normas sociales benéficas, no pareció claro el sentido social y democrático de sus previsiones para el gobierno del futuro.
La interpretación está a cargo de Rubén Stella como Bolívar y de Lito Cruz como San Martín. Stella habla con un acento que no podemos identificar del todo pero que recuerda el de Hugo Chávez; sería interesante saber cómo se formó, tan nítidamente, ese acento, en tan temprana época de la América del Sur; sea como fuere, la modernización implícita tiende a traer la obra a nuestro presente. Stella es un actor muy completo, con muy buena dicción y composición del personaje, que según testimonio de quienes lo conocieron “…Al caminar agita incesantemente los brazos”. Lito Cruz, que también dirigió la obra, tiene la parte de San Martín, al que presenta al borde del retiro, perseguido por la enfermedad y por la flaqueza de sus tropas, pero con el empaque del creador del cuerpo de Granaderos y triunfador de Chacabuco y Maipú.
Concluida la obra siguió una discusión con el público, en la que intervino O’Donnell, que con perspicacia y agudeza rechazó de plano la etiqueta de “revisionismo” que se pretendió endilgar al “Encuentro de Guayaquil”. Lo primero que hay que hacer para obstruir toda discusión, toda busca objetiva de la verdad, es la adjudicación de etiquetas. Ya tenemos bastante con el “revanchismo” con que se agravia la lucha por la verdad y la justicia. *
EL ENCUENTRO DE GUAYAQUIL, de Pacho O’Donnell, con Lito Cruz y Rubén Stella. Vestuario de Cristina Pineda, escenografía de Daniel Feijóo, iluminación, sonido y dirección de Lito Cruz. En Complejo Teatral Cátulo Castillo, sala Carlos Carella, Bartolomé Mitre 970, Buenos Aires.
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