LA VIDA DE LOS OTROS: UNA PELICULA QUE CONFRONTA A HUMANISTAS Y OPRESORES

Obra cinematográfica de gran importancia

Es el primer largometraje de Florian Henckel Von Donnersmarck, un exitoso debut cinematográfico que no sólo ha conquistado la estatuilla de Hollywood sino que también arrasó en el viejo mundo, quedándose con el Premio a la Mejor Película Europea y Mejor Película Alemana, entre otras treinta distinciones internacionales.

Escrito por: GUSTAVO IRIBARNE

Jueves 17 de mayo de 2007 | 4:03
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La vida de los otros: un filme que dignifica lealtades silenciosas.

Es que el filme, obviamente, reúne los componentes adecuados como para ser candidato en cualquier festival competitivo: por lo pronto, genera una relativa polémica sobre el pasado reciente de la República Democrática Alemana, pasa revista al opresivo régimen que reinaba en Berlín Oriental antes de la caída del muro y registra los actos de espionaje del tristemente célebre Ministerio de Seguridad del Estado, más conocido como Stasi. (Una maquinaria estatal del Partido Socialista Unico de Alemania que nucleaba a más de diez mil funcionarios públicos y ciento setenta mil agentes no oficiales en actos de espionaje y control).

Si se quiere, puede calificárselo como un título políticamente (in) correcto; una obra que confronta a humanistas y opresores para redondear un proceso emblemático de sensibilización que, de todas maneras, puede acusar ciertas huellas de superficialidad.

En la historia, un exitoso dramaturgo, supuestamente fiel al régimen, es vigilado en secreto por un solitario esbirro que, al comienzo del filme, demuestra ser un personaje frío y excelente profesional de la tortura psicológica en los interrogatorios. Sin embargo, a poco de compenetrarse con la vida del artista, su carácter acusa un casi inmediato grado de permeabilidad que lo lleva a repensar su existencia y dudar sobre la “obediencia debida”. Esta quema de etapas delata una narración demasiado acelerada dentro del filme y atenta contra el necesario grado de verosimilitud de una propuesta que intenta recrear un momento histórico determinado. De todas maneras, el largometraje logra sortear estos desfasajes iniciales en base a un elaboradísimo guión que hilvana los acontecimientos posteriores como mecanismo de relojería. En forma sutil, a través de situaciones paralelas que contrastan sugestivamente, “La vida de los otros” eleva su puntería para desnudar los vicios secretos detrás de las supuestas “públicas virtudes”. Lo hace integrando los complejos matices de la naturaleza humana (que pueden ir del amor a la traición, la culpa y el castigo) rematando con una vuelta de tuerca que se constituye como ejemplar cierre guionístico. Es una película importante ­qué duda cabe­ y también una nobilísima mirada que dignifica lealtades silenciosas, esas actitudes que hacen a los héroes anónimos de nuestra contemporaneidad.

Más allá de las objeciones planteadas, el balance de obra importante sobrevuela la sala al final de la proyección. Para que eso suceda, también se hace necesario subrayar un elenco de primera línea que se apodera de la piel y el alma de sus personajes para volcarlos en la pantalla. Hay que verla porque significa comprender muchas cosas. Y no sólo de historia o política. *

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